Desde que la burbuja inmobiliaria de Japón reventó a finales de la década de los ochenta, el pesimismo que recae sobre la bolsa nipona, el Nikkei 225, ha sido la tónica general en los últimos años.
 

Si nos fijamos en el gráfico en base diaria del Nikkei a escala logarítmica, observamos cómo sus máximos de los años 1991, 1996, 2000, 2007 y 2013 forman una perfecta recta directriz bajista que es la prueba más evidente de que la bolsa asiática navega dando tumbos en un mar de pesimismo.

En esta larga travesía las conocidas como "Abenomics", medidas económicas basadas en la compra masiva de bonos y medidas fiscales cuyo fin era frenar el largo proceso de deflación, parecía el faro que llevaría a buen puerto la economía y de hecho fue el motor principal para que la bolsa japonesa iniciara una subida vertical sin descanso alguno. Es más, desde la implantación de este nuevo rumbo en la política económica en diciembre de 2012, la bolsa de Tokio protagonizó un avance ligeramente superior al 80% hasta el 9 de enero de 2014 que se fijó un máximo relativo en los 16.300 puntos.

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Sin embargo, el riesgo emergente que ha vuelto a brillar gracias a las caídas de la lira turca y el peso argentino han sido un factor decisivo para el frenazo de la cotización y el mercado, después de fijar estos máximos, ha iniciado una toma de beneficios de un 14% desde sus máximos.

En la actualidad y a muy corto plazo, el Nikkei parece haber encontrado un primer suelo en los 14.000 puntos (mínimos de noviembre de 2013 y febrero de este año) por lo que será el soporte a considerar en las próximas sesiones. Por el lado de las resistencias, la más inmediata corresponde a los 14.800 puntos, máximo alcanzado en febrero desde sus mínimos relativos.

Ante este escenario… ¿Volverá el Nikkei a ser víctima de su sentimiento bajista a largo plazo?, ¿Qué debería suceder para poner fin a este naufragio bursátil de más de dos décadas?

"Estas son las cuestiones y en vuestra mano quedan las resoluciones"