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A primera vista, los beneficios del gasto público parecen evidentes: los responsables políticos destinan importantes recursos financieros a determinados sectores o industrias, lo que proporciona a sus beneficiarios un impulso adicional para invertir y crecer y por tanto, en teoría, estimula el conjunto de la actividad económica Este tipo de planteamientos es habitual en las economías desarrolladas. En junio de 2026, el Reino Unido anunció un plan de 1100 millones de libras para ampliar su capacidad nacional de computación para inteligencia artificial (IA), una medida que, en teoría, beneficiaría a las empresas del sector tecnológico británico. (i) El año pasado, muchas de las publicaciones financieras que analizamos presentaron al fondo alemán de 500 000 millones de euros destinado a infraestructuras con gran entusiasmo, en opinión de Fisher Investments España, y como un importante impulso para la economía. (ii)

Sin embargo, en la práctica la realidad es bastante más compleja. En primer lugar, el gasto público no genera por sí mismo un nuevo crecimiento económico. Lo que hacen los responsables políticos es redistribuir recursos procedentes de la recaudación fiscal entre determinados beneficiarios. En nuestra opinión, esto supone que el Gobierno decide quiénes salen ganando y quiénes salen perdiendo, en lugar de generar nueva producción o aumentar la actividad económica en su conjunto. En segundo lugar, según nuestros estudios, el gasto público rara vez se materializa de forma inmediata, ya que los planes deben someterse a debate y tienen que pasar por numerosos procesos burocráticos y exámenes antes de que los fondos lleguen a su destino. Además, el gasto público ha de afrontar un intenso escrutinio público, ya que la mayoría de las decisiones de política fiscal reciben una amplia cobertura en los medios de comunicación. Esta atención adicional puede provocar retrasos e incluso modificar las propuestas iniciales. Ese lento avance, unido al intenso escrutinio público, reduce cualquier posible efecto del plan sobre los mercados. En nuestra opinión, los mercados descuentan de antemano las expectativas y previsiones generalizadas.

Tomemos el caso de Alemania. El año pasado, el Gobierno del canciller Friedrich Merz anunció el citado paquete de inversión pública y sus planes para impulsar una reforma constitucional que permitiera aumentar el gasto en defensa y seguridad (es decir, levantar el llamado freno de la deuda, una norma fiscal vigente desde hace años que limita el gasto público). La noticia alimentó las expectativas de los inversores y llevó a algunos analistas financieros a revisar al alza sus previsiones de crecimiento. (iii)

Más de un año después, la realidad ha resultado bastante decepcionante, a nuestro juicio. El tan elogiado programa de infraestructuras no ha movilizado los fondos con la rapidez que muchos esperaban: dos tercios de las partidas presupuestarias del fondo financiadas el año pasado seguían en fase de planificación, es decir, todavía pendientes de ejecución y puesta en funcionamiento. (iv) El ritmo de avance, más lento de lo previsto en 2025, parece que continúa en 2026, ya que hasta finales de mayo solo se habían alcanzado 26 de los 107 hitos previstos. (v)

Aunque los planes de gasto público puedan parecer muy cuantiosos considerados de forma aislada, su peso es reducido en relación con el conjunto de la economía. Esa es una de las principales razones por las que creemos que la mayoría de las economías desarrolladas no dependen de ellos para sostener el crecimiento. Por ejemplo, los 500 000 millones de euros del fondo alemán parecen una cifra muy elevada, pero está previsto que esos recursos se desembolsen a lo largo de 12 años. (vi) Se preveía que el año pasado se desembolsarían aproximadamente 37 000 millones de euros, en torno al 1 % del PIB alemán: una cantidad modesta. (vii)  ¡Y ni siquiera se alcanzó esa cifra! Del mismo modo, el plan de inversión del Reino Unido en inteligencia artificial mencionado anteriormente representaría apenas el 0,04 % del PIB de 2025, una cuantía insuficiente para modificar de forma significativa la trayectoria de crecimiento de la economía. (viii) Según nuestras investigaciones, la mayor parte del crecimiento en las economías desarrolladas procede de la actividad del sector privado. Aunque el gasto público puede contribuir en cierta medida, la evolución de la economía mundial y de cada sector suele ejercer una influencia mucho mayor sobre la rentabilidad de las empresas.

En nuestra opinión, aunque los programas de gasto público suelen acaparar una gran atención, no cambian el rumbo de la economía. Sin embargo, si se generan demasiadas expectativas sobre sus beneficios, el riesgo de decepción aumenta si los resultados acaban siendo menos espectaculares de lo previsto. Del mismo modo, si el temor a los recortes del gasto público resulta exagerado, cualquier noticia menos negativa de lo esperado podría recibirse con alivio. Por eso, cuando estos programas tienen algún efecto sobre los mercados, este puede resultar contraintuitivo. A juicio de Fisher Investments España, los inversores deberían tenerlo presente, ya que dejarse llevar por el entusiasmo que generan los planes de gasto público puede impulsarlos a actuar en función de unas expectativas que nunca llegan a materializarse.

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(i) "UK Sets Out $1.5 Billion AI Hardware Plan With Supercomputer, Chip Funding", equipo de redacción, Reuters, 8/6/2026. Consultado a través de MSN.

(ii) "Defense, Infrastructure: Germany Plans Record Investment", Sabine Kinkartz, Deutsche Welle, 7/8/2025.

(iii)  "'Made for Germany': German Companies Show Optimism", Sabine Kinkartz, Deutsche Welle, 22/7/2025.

(iv) "German Finance Ministry Says Infrastructure Spending Needs to Speed Up", Maria Martinez, Reuters, 1/6/2026. Consultado a través de MSN.

(v) Ibid.

(vi) Ibid.

(vii) ibid y FactSet, a 8/6/2026.

(viii) Fuente: FactSet, a 8/6/2026. Afirmación basada en el producto interior bruto (PIB, una medición gubernamental que refleja la producción económica de un país) del Reino Unido en 2025, ajustado por la inflación.