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El gráfico de rentabilidad y máxima caída anual del S&P 500 desde 1980 permite ver dos realidades que parecen contradictorias, pero que forman parte del mismo fenómeno. Por un lado, el índice ha proporcionado una rentabilidad media anual cercana al 12% anualizado desde 1980. Por otro, ha sufrido una caída dentro de cada año de aproximadamente el 14% anualizado también. El S&P 500 ha creado riqueza a largo plazo, pero no lo ha hecho de forma lineal y sin dientes de sierra.

Fuente: Carlos Arenas Laorga

La caída intranual mide el descenso más pronunciado desde un máximo hasta un mínimo registrado dentro del mismo año. No significa que el S&P 500 perdiera un 14% cada ejercicio al llegar diciembre. Significa que, de media, el inversor tuvo que soportar temporalmente esa pérdida mientras seguía invertido. De hecho, el índice terminó con una rentabilidad positiva en 36 de los 47 años transcurridos entre 1980 y 2026, a pesar de que las correcciones han sido constantes.

En 1987, el año del Lunes Negro, el S&P 500 llegó a caer alrededor de un 34% desde su máximo, pero terminó el ejercicio con una ganancia del 5,3%. En 2020, cuando la pandemia paralizó buena parte de la economía mundial, el desplome intranual alcanzó el 34%. Quien mirase su cartera en marzo habría pensado que aquel año estaba perdido; sin embargo, el índice cerró con una rentabilidad cercana al 18,4%.

Incluso los años buenos esconden momentos duros. ¡Prácticamente todos! En 2019, el S&P 500 ganó aproximadamente un 31,5%, pero antes atravesó una caída del 7%. En 2021 avanzó cerca del 28,7% después de retroceder un 5% durante el ejercicio. Y en 2024, 2025, e incluso este año. Siempre. Mira los puntos rojos del gráfico otra vez.

Naturalmente, no todas las correcciones terminan con rapidez. Pero la historia demuestra que el mercado se recupera; no siempre tan rápido como este año, o el anterior, pero siempre.

Por eso me gustan frases como la de que la volatilidad no equivale a una pérdida permanente a menos que vendas. En un índice amplio, mantener la inversión ha permitido históricamente participar en las recuperaciones posteriores. En una acción individual, sin embargo, una pérdida puede ser permanente o, al menos, tienes más riesgos.

La distinción importante es la que existe entre volatilidad y deterioro del capital. La volatilidad es el movimiento temporal del precio. El deterioro aparece cuando el activo pierde capacidad económica para generar valor.

También conviene recordar que esperar a que desaparezca la incertidumbre suele equivaler a esperar a que los precios ya hayan subido. Los rebotes más intensos acostumbran a concentrarse cerca de los peores días, cuando las noticias todavía son malas y comprar resulta difícil. Salir durante una corrección obliga a acertar dos veces: cuándo vender y cuándo regresar. El primer momento suele decidirlo el miedo; el segundo, una confianza que normalmente reaparece cuando buena parte de la recuperación ya se ha producido.

El gráfico no dice que cualquier precio sea razonable, que el S&P 500 no pueda sufrir otra gran crisis o que sus próximas décadas vayan a repetir las anteriores. Pero sí que las caídas forman parte del mecanismo con el que la renta variable entrega su rentabilidad.