Expertos de Invesco, Swisscanto AM, CRESCENTA, J.P. Morgan AM, Tressis y BlueBay Asset Management coincidieron en la necesidad de apostar por una diversificación más profunda, incorporar nuevos activos y reforzar el papel del asesor financiero para ayudar al inversor a gestionar tanto el riesgo como sus emociones.

Virginia Pérez, directora de Inversiones en Tressis, defendió que construir una cartera sólida no es lo mismo que maximizar la rentabilidad. En su opinión, el primer paso consiste en entender el nivel de riesgo que cada cliente puede soportar emocionalmente.

Virginia Pérez explicó que la diversificación tradicional seguirá funcionando, aunque advirtió de que muchos inversores no entienden en qué condiciones lo hace realmente. Según indicó, la diversificación está diseñada para mejorar la relación rentabilidad-riesgo a largo plazo, no para proteger de forma inmediata en el corto plazo. Además, insistió en que la diversificación debe ser “real” y adaptarse al nuevo contexto geopolítico y de mercado. A su juicio, uno de los principales errores de los clientes sigue siendo intentar hacer market timing, vendiendo en el peor momento por miedo o por no tener una cartera ajustada a su verdadero perfil de riesgo. “Nosotros gestionamos personas”, resumió, al destacar la dimensión emocional del asesoramiento financiero.

Respecto al debate entre gestión activa y pasiva, defendió un enfoque pragmático y complementario. La gestión pasiva, explicó, resulta útil en mercados donde es difícil batir al índice, mientras que la gestión activa permite aportar valor y detectar oportunidades. También alertó de las posibles concentraciones de riesgo que pueden generarse en algunos productos indexados.

Ramiro Iglesias, cofundador y CEO de CRESCENTA, puso el foco en la importancia de construir carteras con una diversificación real entre clases de activo. En su opinión, si el inversor busca mayor rentabilidad debe incorporar activos alternativos, mientras que si prioriza liquidez deberá acudir a soluciones monetarias. “El secreto está en hacer un buen asset allocation”, afirmó.

Ramiro Iglesias defendió especialmente el papel del private equity dentro de las carteras a largo plazo. Según explicó, este tipo de activos permite acceder a mayores retornos a cambio de asumir horizontes temporales más largos. “La ventaja del private equity es precisamente el largo plazo”, señaló.

Por su parte, Gonzalo Ramón-Borja, director general de Swisscanto AM en España, destacó el elevado peso que todavía tiene la renta fija en las carteras del inversor español, donde puede representar entre un 60% y un 70% del patrimonio. En este contexto, defendió la necesidad de planificar a largo plazo y diversificar para mejorar el potencial de rentabilidad de las carteras.  Entre las estrategias que más valoran, mencionó la combinación de deuda investment grade con duraciones de tres o cuatro años junto con bonos híbridos y determinadas posiciones en high yield asegurado.

Ramón-Borja insistió además en que el gran valor añadido del asesor financiero está en comprender el comportamiento del inversor y acompañarle durante el ciclo de mercado. En el caso de la renta fija, reconoció que uno de los mayores retos sigue siendo explicar al cliente que también puede perder dinero en este tipo de productos.

Fernando Fernández-Bravo, head of Active Distribution Iberia en Invesco, advirtió de que las carteras tradicionales 60/40 están mostrando una correlación cada vez más elevada entre renta fija y renta variable, lo que reduce parte de la protección histórica que ofrecían. Por ello, defendió la incorporación de nuevos activos, especialmente alternativos, mercados privados y activos reales vinculados a la economía productiva. “Hay que empezar a incluir nuevos activos con más base en la economía real”, afirmó.

Fernández-Bravo subrayó también que el verdadero valor diferencial del asesor financiero seguirá estando en el conocimiento del cliente y en el acompañamiento humano, especialmente en un entorno en el que la inteligencia artificial ganará protagonismo. Frente a los neobancos y plataformas digitales, consideró que el asesoramiento personalizado seguirá siendo clave.

Francisco Márquez de Prado, executive director en J.P. Morgan AM, defendió que toda cartera debe construirse partiendo de una pregunta esencial: para qué invierte el cliente. A partir de ahí, explicó, deben definirse los objetivos, el horizonte temporal y la estrategia adecuada. “Ese sacrificio de ahorrar no tiene sentido si no se invierte”, señaló.

Desde J.P. Morgan Asset Management consideran que uno de los grandes retos del sector sigue siendo transformar ahorradores en inversores y ayudarles a alcanzar sus objetivos financieros mediante un servicio de asesoramiento integral. Sobre el debate entre gestión activa y pasiva, coincidió en que ambas fórmulas son complementarias, aunque defendió que la gestión activa debe seguir siendo el núcleo principal de las carteras.

Por último, María Satizabal, portfolio manager en BlueBay Asset Management, insistió en la importancia de analizar no solo los activos, sino también quién está gestionando las inversiones. En su opinión, el gestor debe estar alineado con los intereses del cliente y tener como prioridad la protección del capital.

María Satizabal destacó que la renta fija y los activos alternativos siguen siendo herramientas fundamentales para construir carteras sostenibles y diversificadas, especialmente en un entorno marcado por la incertidumbre geopolítica.

La gestora explicó que actualmente mantienen una posición prudente debido a los riesgos derivados de los conflictos internacionales y a la posibilidad de que resurjan presiones inflacionistas que obliguen a los bancos centrales, especialmente al BCE, a replantear sus decisiones. En este escenario, defendió nuevamente el valor de la gestión activa frente a una réplica pasiva de índices. “Si solo te abrazas al índice, te pierdes oportunidades”, concluyó.