En un mercado cada vez más condicionado por los movimientos políticos y fiscales, desde Estados Unidos hasta Europa, ¿crees que los inversores están infravalorando el impacto que pueden tener los déficits públicos y el aumento de deuda sobre los mercados en los próximos años?

Desde nuestro punto de vista, no creemos que los inversores estén infravalorando los posibles riesgos o la posibilidad de un incremento en la incertidumbre fiscal. De hecho, si nos fijamos en la curva de tipos de interés, podemos apreciar cierto empinamiento. Este movimiento se justifica principalmente en la parte larga de la curva por el incremento de los tipos de interés, lo cual refleja que hay inversores algo más preocupados por este riesgo. Ya hemos visto episodios de aumento de la volatilidad relacionados con esto en el Reino Unido, en Estados Unidos y también en Japón.

Dicho esto, es necesario contextualizar la situación: en un momento de crecimiento económico sostenido, lógicamente este es un riesgo que preocupa menos. Aunque es un factor que se debe tener en cuenta y que nosotros seguimos de cerca, no pensamos que vaya a ser el principal catalizador para provocar eventos de volatilidad en el mercado, al menos en los próximos meses.

Estamos viendo una rotación constante entre las grandes compañías que lideran el mercado y sectores más rezagados. ¿Crees que 2026 puede ser el año en el que se amplíe realmente el liderazgo bursátil o seguiremos dependiendo de un grupo reducido de megacaps?

El inicio de año fue más repartido, pero actualmente estamos viendo un empeoramiento de lo que se conoce como el market breadth o la amplitud de mercado. Menos empresas están participando en las subidas de los principales índices, algo que ocurre especialmente en el S&P500. Este comportamiento es normal en un contexto de cierta incertidumbre derivada del entorno geopolítico.

Sin embargo, si analizamos la parte de beneficios, esto nos hace pensar que es posible que, según se vaya reduciendo este ruido geopolítico o la incertidumbre, probablemente veamos una mayor participación de más empresas. Por sectores en Estados Unidos, vemos que en el sector de tecnología se espera un crecimiento de los beneficios en los próximos 12 meses por encima del 30%, lo cual es muy fuerte. Pero es que, además, de los 10 principales sectores, en 8 de ellos se esperan crecimientos de doble dígito en los beneficios para los próximos 12 meses, y en 2 de ellos por encima del 20%.

A nivel regional, en Europa o el Reino Unido también se están esperando ya crecimientos de doble dígito del beneficio. Y a nivel de compañía, es verdad que las 7 más grandes siguen aportando la mayor parte del crecimiento, pero en las otras 493 empresas del S&P500 también estamos esperando incrementos a doble dígito tanto para el año 2026 como en los resultados que hemos visto de este primer trimestre. 

Por lo tanto, sí que estamos observando ese broadening o mayor participación en el crecimiento de los beneficios en la mayor parte del índice, y pensamos que se reflejará en el resto de compañías a medida que la incertidumbre geopolítica se modere.

El inversor conservador vuelve a encontrar rentabilidades atractivas en productos monetarios y renta fija corta, pero también existe el riesgo de quedarse fuera de mercado. ¿Cuál cree ques es hoy el mayor error que está cometiendo el inversor medio en la construcción de su cartera?

El mayor error que está cometiendo hoy el inversor es un viejo conocido de la psicología de los mercados financieros y las finanzas conductuales. Diría que está relacionado principalmente con dos sesgos, que son atajos que toma la mente cuando nos enfrentamos a eventos llenos de incertidumbre:

  • Sesgo de aversión a las pérdidas: Valoramos más las pérdidas; nos duele más una caída de lo que nos hace felices una ganancia de tamaño similar.
  • Sesgo de aversión al arrepentimiento: Es el sentimiento que surge tras realizar una compra, cuando pensamos si quizás no era el mejor momento o si teníamos que haber esperado un poco más.

Estos dos sesgos se traducen normalmente en una visión más de corto plazo. El incentivo a caer en ellos es mayor en un entorno donde el corto plazo te remunera más de lo que lo hacía en otras ocasiones.

Esto enlaza perfectamente con la importancia del horizonte de inversión: no debemos confundir nuestro horizonte táctico con la estrategia. El horizonte táctico es de más corto plazo, donde nos mostramos algo más prudentes por el contexto internacional. En cambio, nuestra visión estratégica para el próximo año o los próximos 3 a 5 años sigue siendo positiva para los activos de riesgo. El horizonte es clave; no es lo mismo invertir para hacer una compra el próximo mes que invertir para la jubilación cuando quedan 20 o 25 años por delante, ya que el riesgo que puedes asumir en un caso y en otro es diferente.

Muchos inversores tienen dudas sobre cómo posicionarse entre Estados Unidos, Europa y mercados emergentes. ¿Dónde encuentra hoy las mejores oportunidades en términos de valoración y crecimiento a medio plazo?

En términos de valoración y crecimiento, hay que reconocer que las valoraciones no son tan exigentes como han sido en otros momentos. Esto se debe, más que a correcciones en los mercados, al incremento y a las revisiones al alza de los beneficios empresariales. Por lo tanto, no podemos hablar de un contexto de valoraciones exigentes en ninguna de las tres regiones.

  • Estados Unidos: Por ahora nos gusta más, principalmente debido a la estabilidad de los beneficios y a la menor incertidumbre que suponen las fuertes proyecciones esperadas en la parte de tecnología.
  • Europa: El peso de la tecnología es inferior. Además, existe algo más de incertidumbre en los beneficios empresariales debido a la situación geopolítica y su impacto en los mercados energéticos; al ser Europa una región más dependiente de los precios de la energía, el impacto podría ser mayor.
  • Mercados Emergentes: Es una región que nos gusta, pero creemos que a veces no se entiende del todo correctamente. Los índices de renta variable emergente han cambiado a lo largo de los años, ya no es tanto una inversión pensando en que lo cíclico se va a comportar mejor, sino una inversión relacionada con la tecnología pero con algo más de beta. En los principales índices emergentes, el peso de las tres primeras compañías (relacionadas con el sector de semiconductores) está en torno al 20%. El peso total de la tecnología se sitúa cerca del 35-40% y, además, es una inversión concentrada principalmente en Asia, que supone el 80% del índice. Sabiendo dónde estás, nos parece una región relativamente interesante, aunque tácticamente estamos algo más neutrales.

En un momento en el que el inversor busca rentabilidad pero también protección frente a episodios de corrección, ¿qué peso deben tener activos defensivos como salud, infraestructuras o dividendos dentro de una cartera diversificada?

Son tres sectores o factores muy diferentes entre sí, y no se comportarían igual aunque el mercado lo hiciese peor de lo esperado:

  • Sector Salud: No nos parece que esté excepcionalmente barato, como sí lo ha estado en otros momentos. Las revisiones de beneficios están siendo a la baja, el beneficio esperado a 12 meses no es muy alto y, además, hay algo de ruido político que podría afectar al sector en el corto plazo. Por lo tanto, aquí estaríamos más prudentes; dentro de los defensivos, no sería el que más nos gustaría para protegernos.
  • Infraestructuras: Siendo selectivos, aquí podemos encontrar grandes temáticas de futuro, como la construcción de centros de datos para la inteligencia artificial o la búsqueda de la independencia energética en Europa. Una inversión en infraestructuras suele dividirse en dos sectores: industriales (nos gusta, expuesto a macrotendencias decisivas, aunque es más cíclico) y servicios públicos o utilities. Como defensivo, servicios públicos podría tener sentido dada la evolución de los tipos de interés; al haber subido tanto, cabe esperar un poco de pullback en el sector, el cual normalmente se relaciona de forma negativa con el incremento de los tipos. Por ello, es un defensivo que en el corto plazo nos podría gustar más.
  • Inversión en Dividendos: A veces se entiende mal y se busca invertir solo en las empresas que ofrecen el mayor dividendo. La realidad es que la clave aquí es buscar empresas capaces de tener un dividendo sostenible y que proyecten la capacidad de incrementarlo en el futuro. Normalmente, esta estrategia se compone de sectores defensivos como salud, servicios públicos y consumo básico. Nosotros ahora mismo no tenemos un posicionamiento muy defensivo y no serían nuestros sectores favoritos, pero es verdad que la parte de dividendos tiene algo muy interesante en este momento: su exposición a energía. Por este lado sí podríamos encontrar algo más de protección en un entorno donde los precios de la energía se mantuviesen elevados durante más tiempo del esperado.