Creemos que durante el verano hemos de estar atentos a tres cuestiones fundamentales. En primer lugar, el Brexit, que podría traer consigo efectos negativos que en parte han sido olvidados por los inversores.
 
En segundo instancia, las políticas monetarias. Los mercados están exagerando de forma considerable el nivel de flexibilización monetaria que se espera para los próximos meses, lo que favorece los activos de riesgo. De hecho, se espera que el Banco de Inglaterra flexibilice su política y que eventualmente ponga en marcha un quantitative easing. Sin embargo, parte de las expectativas actuales proceden de las especulaciones por parte del Banco de Japón respecto a la puesta en práctica de una operación bautizada como “helicóptero de dinero” dirigida a financiar de forma más o menos directa el gasto público en lugar de esperar los efectos indirectos generados a través de tipos más negativos o a través del mayor efecto riqueza generado por el quantitative easing.
 
Es innegable que como los mercados son cada vez más escépticos sobre los beneficios de este tipo de programas y que además consideran que a los bancos centrales ya les queda poca munición, el simple hecho de que una gran institución considere poner en práctica una estrategia de “helicóptero de dinero” vuelve a otorgar un carácter omnipotente a los bancos centrales. El ex presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, ha detallado recientemente en su blog las implicaciones que en la práctica supondría la puesta en funcionamiento de esta política monetaria. Esto aporta algo más de credibilidad a dicha hipótesis y podría ser que estuviéramos a punto de saltar un tabú considerable, al menos desde un punto de vista conceptual. ¿Abrirá el Banco de Japón la puerta a una vía de actuación nueva y más eficaz que podría servir de referencia a sus homólogos? En nuestra opinión es todavía demasiado pronto. Pensamos que la institución nipona conservará esta opción para un caso de extrema necesidad.
 
Por otra parte, sorprende que el próximo ajuste monetario de la Reserva Federal no está plenamente descontado por los inversores hasta comienzos de 2018, mientras que prácticamente todos los indicadores ya señalan una luz verde para una subida en los tipos principales. En lo que respecta al margen de maniobra del BCE, este se ha reducido de forma considerable. Por tanto, podemos esperar un banco central menos proactivo y más reactivo. Sin embargo, los mercados están anticipando una política cada vez más acomodaticia, lo que es posible, pero no se ha producido. Por último, en lo que respecta a las cuestiones de base, la inflación mundial es débil y debería recuperarse un poco, lo que constituye otra razón para relativizar este clima de mercado. En resumen, ¡cuidado con la euforia monetaria!
 
Por último, habrá que estar atentos al calendario político que será intenso en la recta final del año. En octubre y en noviembre se sucederán el referéndum en Italia (con el consiguiente riesgo de dimisión del primer ministro en caso de que el resultado sea negativo), las elecciones presidenciales en Austria (donde el candidato ultraderechista del FPO podría salir victorioso) y las elecciones presidenciales en Estados Unidos, en las que algunas encuestas dan a Trump como ganador. Evidentemente existen riesgos para el mercado en torno a todos estos acontecimientos. El ejemplo reciente del Brexit nos recuerda que la forma en la que los mercados tratan estos temas puede deparar algunas sorpresas.