José Luis Cava, en primer lugar, explica cómo Trump va a “inyectar 200.000 millones en el sistema monetario” ordenando a Fannie Mae y Freddie Mac que compren bonos en manos de particulares e instituciones. Estas entidades, que operan bajo supervisión del Congreso, cuentan con más de 100.000 millones cada una en efectivo invertido en letras del Tesoro. Al vender esas letras y usar el dinero para comprar bonos, “la liquidez a nivel global en el sistema monetario norteamericano va a subir”, lo que favorecería la subida de las bolsas, del oro y de Bitcoin.
En segundo lugar, analiza el ritmo de crecimiento de la economía estadounidense. Señala que los últimos datos de balanza comercial muestran una fuerte caída de las importaciones y un aumento de las exportaciones, lo que indica que “la política arancelaria de Donald Trump está funcionando”. Además, los datos laborales no reflejan una debilidad significativa, por lo que considera probable que la economía esté creciendo “a un ritmo superior al 4%, liderado por el consumo”.
Destaca la divergencia entre este crecimiento y un sentimiento del consumidor en mínimos, que atribuye en parte a un sesgo político de los encuestados, aunque reconoce dificultades para los hogares con ingresos inferiores a 70.000 dólares. Con crecimiento, consumo fuerte y una inyección masiva de liquidez, afirma: “yo sinceramente no puedo ser bajista”.
En tercer lugar, aborda el posible fallo de la Corte Suprema sobre los aranceles. Aunque podría generar volatilidad a corto plazo, sostiene que si obliga a devolver los aranceles recaudados, el mercado descontaría “un incremento de la liquidez”, lo que podría impulsar al alza al S&P 500 y a las criptomonedas.
Sobre Bitcoin, destaca que ha respetado la media de 50 sesiones, ha marcado suelos crecientes y se encuentra en “un proceso de consolidación”. Si supera los máximos recientes, podría dirigirse a la resistencia de 94.000–95.000.

Finalmente, advierte que la reconstrucción de la industria petrolera venezolana exigirá grandes inversiones y supondrá “una detracción de la liquidez” a lo largo de 2026, lo que podría provocar caídas bursátiles más adelante. A corto plazo, insiste, el factor dominante sigue siendo la fuerte inyección de liquidez y el crecimiento económico superior al 4%.