En cuanto a la renta variable, seguimos convencidos que las acciones europeas, y en particular las de la zona euro, tienen potencial de revalorización. El ciclo continúa cogiendo fuerza y las compañías siguen beneficiándose de un euro débil, de débiles precios de las materias primas, de la recuperación económica y de unos reducidos costes laborares unitarios.

Además, las expectativas del consenso relativas al crecimiento de los beneficios por acción no son, por primera vez, excesivas. Seguimos prefiriendo los nombres cíclicos domésticos y empresas con buenas rentabilidades, y también nos gusta el tema de fusiones y adquisiciones.

Esto nos ha llevado a aumentar nuestra valoración sobre los bonos high yield europeos que han reflejado la caída en el mercado high yield americano en el que las compañías energéticas tienen una mayor componente en el índice. El riesgo de impago se concentra en los bonos de empresas energéticas americanas y en términos generales los diferenciales en el mercado están en consonancia con niveles históricos vistos en recesiones anteriores. Dicho en otras palabras, creemos que a menos que la situación en Estados Unidos se vuelva radicalmente negativa, el mercado high yield norteamericano no debería lastrar al mercado de bonos high yield europeo. El mercado high yield europeo ofrece a día de hoy retornos atractivos, los fundamentales de las compañías son sólidos, los tipos de interés en Europa se mantienen en niveles muy bajos y el BCE podría flexibilizar aún más su política.

Por último, hemos vuelto a adoptar un punto de vista neutral respecto al dólar americano. Una buena parte de la subida del dólar frente al euro se debe a la divergencia entre la política monetaria de la Fed y el BCE. Sin embargo, a los mercados les cuesta cada vez más entender por qué la Fed debería seguir endureciendo su política monetaria en el ambiente deflacionario actual. Los inversores podrían concluir que ejercer presión con subidas de tipos constituiría un error de política monetaria y que tarde o temprano, el proceso debería revertirse, afectando, de esta forma, a la credibilidad del dólar. Esta situación sería negativa para el dólar. Por otro lado, si la Fed tiene que demostrar cautela y paralizar el endurecimiento, no habría motivo para que el dólar se apreciase.

Benjamin Melman, Director de Asignación de Activos y de Deuda Soberana en Edmond de Rothschild AM (France)