Tres interrogantes han avivado el nerviosismo de los inversores en el primer trimestre de 2018. El primero de ellos es el ciclo de producción. ¿Se trata de una ralentización o simple estancamiento? A pesar de la desaceleración del primer trimestre, el crecimiento esperado del sector industrial para 2018 no fue revisado a la baja. La suposición de que el crecimiento global se ha sincronizado en un nivel muy alto parece ahora muy probable.

El segundo son las relaciones entre Estados Unidos y China. El país norteamericano ha acusado al gigante asiático de robo de la propiedad intelectual por un equivalente a 50.000 millones de dólares anuales y anunció una subida de los aranceles del 25% a una lista de importaciones por ese valor. China ha respondido anunciando medidas equivalentes. Debemos tener en cuenta tres factores: las cantidades afectadas siguen siendo comedidas (en torno al 10% de las importaciones que llegan a EEUU procedentes de China y el 2% del total), en caso de una guerra comercial “total” todos saldrían perdiendo y puede que Trump saque el máximo partido en las elecciones de mitad de mandato a la relación entre ganancia política y pérdida económica.

El tercer interrogante son los valores tecnológicos y las dudas sobre si hay riesgo de un mercado bajista o estamos ante oportunidades de entrada en estas compañías. Es una pregunta que preocupa, sobre todo porque estos últimos meses las acciones tecnológicas estuvieron impulsadas por unos flujos de compra sin precedentes (18.000 millones de dólares).

En este contexto, es probable que los resultados que registren las empresas cotizadas sean el motor de una subida (o no) de los mercados de renta variable. La temporada de resultados correspondientes al primer trimestre ha comenzado a mediados de abril y el consenso espera un aumento de los beneficios del 17% en Estados Unidos y del 8% en Europa, una diferencia propiciada en gran parte por la fiscalidad estadounidense. Los inversores vigilarán muy de cerca los posibles efectos negativos de los tipos de cambio o de las materias primas.

A la vista de estos datos, apostamos por las compañías de gran capitalización, que se benefician de un momentum más favorable que las compañías de pequeña capitalización, que recientemente han mostrado un mejor comportamiento en un entorno cuyo potencial de revisión nos parece más limitado. En el lado de la renta fija, todavía creemos que el ciclo alcista de rendimientos ha comenzado, aunque el ritmo será extremadamente lento. Por tanto, mantenemos una exposición en duración prácticamente nula.

No olvidamos el riesgo de una espiral bajista de los valores tecnológicos. La reciente volatilidad, que creemos que va a continuar, hará que los inversores sean más exigentes en general y elevará las primas de riesgo en fases de turbulencias. Creemos que esta amenaza difícil de evaluar está actualmente compensada por unas valoraciones más favorables y las perspectivas de crecimiento de los beneficios que no varían.

Una razón de peso para no rendirse, de momento.

Nicolas Chaput, CEO y co-CIO global de Oddo BHF AM