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El IPC registró en junio su mayor descenso en más de seis años. La caída se explica, sobre todo, por el fuerte retroceso de los precios de la energía. En términos mensuales, el índice de precios al consumo bajó un 0,4% y la tasa interanual se situó en el 3,5%. ¿Qué lectura hace de estos datos?
A primera vista, la cifra puede parecer positiva porque refleja una moderación puntual de la inflación. Sin embargo, conviene ser prudentes. Durante el verano es habitual que la economía pierda algo de ritmo, pero eso no significa que el problema de los precios esté resuelto. Seguimos viendo presiones inflacionistas derivadas de la incertidumbre geopolítica y de las decisiones políticas que afectan al comercio y a los mercados. Por eso, hay que mantenerse atentos y adaptar las decisiones de inversión al contexto.
El conflicto en Oriente Medio continúa generando incertidumbre. Donald Trump ha endurecido su postura respecto a Irán y el petróleo sigue encareciéndose. Al final, ese aumento acaba repercutiendo en el consumidor.
Exactamente. No solo estamos viendo subir el precio del petróleo, sino también el de la vivienda, la construcción y otros bienes esenciales. Son incrementos muy importantes que hace unos años no imaginábamos. El margen de actuación de los consumidores es limitado, aunque, paradójicamente, el buen comportamiento de la bolsa está amortiguando parte de esa preocupación.
Wall Street encadena varias sesiones al alza pese a la tensión geopolítica. ¿Qué sectores considera más atractivos para invertir en estos momentos?
La tecnología continúa siendo uno de los sectores con mayor potencial, pero también vemos oportunidades en el ámbito industrial y en los servicios domésticos. Dicho esto, el gran tema sigue siendo la inteligencia artificial. Todas las compañías están destinando recursos a esta transformación. La cuestión ya no es si invertirán, sino quién será capaz de rentabilizar esas inversiones y cuánto tendrán que gastar antes de empezar a obtener beneficios.
El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, ha asegurado que el desarrollo de la inteligencia artificial no está provocando un aumento de la inflación. ¿Comparte esa visión?
No estoy seguro de que la inteligencia artificial genere inflación de forma directa, pero sí creo que existe una relación. Las empresas están destinando miles de millones de dólares a desarrollar infraestructura y tecnología. Ese nivel de inversión tiene un impacto en la economía. Ahora bien, la verdadera pregunta es si ese enorme gasto acabará traduciéndose en una rentabilidad suficiente. Invertir es relativamente sencillo; lo difícil es conseguir un retorno que justifique ese desembolso.
¿Cómo valora el estado de la economía estadounidense?
La economía sigue mostrando fortaleza porque el mercado laboral continúa siendo sólido y existen oportunidades de empleo. Sin embargo, también debemos asumir que la inteligencia artificial está transformando el mercado de trabajo y que algunos puestos desaparecerán a medida que avance la automatización.
Los resultados del segundo trimestre han vuelto a sorprender positivamente. Morgan Stanley ha superado las previsiones, JP Morgan ha impulsado sus beneficios gracias al negocio de banca de inversión y Goldman Sachs ha registrado un fuerte crecimiento en renta fija y variable. ¿Qué mensaje envían estos resultados?
Los bancos siempre tienen un objetivo muy claro: seguir generando beneficios de forma consistente. No necesitan crecer un 20% anual para sentirse satisfechos; obtener rentabilidades del 2%, 3% o 4% ya es positivo para muchas entidades.
Lo más relevante es que el sector está recuperando dinamismo después de varios años marcados por los desafíos económicos, la evolución del empleo y las fuertes subidas de los tipos de interés. Ahora la gran incógnita es cómo mantener ese crecimiento.
En mi opinión, durante los próximos trimestres los bancos tendrán dificultades para aumentar sus ingresos. Tendrán que diversificar sus fuentes de negocio y buscar nuevas vías de rentabilidad. Ya no basta con depender del crédito o de la gestión patrimonial. En un entorno de inflación elevada y tipos de interés todavía altos, ese será uno de los principales retos del sector financiero.
¿Qué compañías recomendaría ahora mismo a los inversores?
Seguimos viendo valor en empresas como Apple. Cada vez que el crecimiento de la compañía se desacelera, muchos inversores creen que su historia ha terminado, pero nosotros no compartimos esa visión. Apple cuenta con una base de clientes extraordinariamente fiel y eso le proporciona una ventaja competitiva muy difícil de replicar.
También nos gusta Caterpillar. La compañía está aprovechando la inteligencia artificial para mejorar sus procesos y mantiene un sólido crecimiento a escala global. Creemos que todavía tiene recorrido.
Y, mirando un poco más a largo plazo, seguimos muy atentos a SpaceX. El respaldo institucional y el impulso del sector espacial le ofrecen un importante potencial de crecimiento. Pensamos que podría generar rentabilidades del 10% al 12% en un horizonte de unos 18 meses, aunque será una inversión que exigirá paciencia por parte del inversor.

