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El momento inversor, como casi siempre, es complicado. Los índices de las principales bolsas mundiales se mueven en máximos históricos impulsados por unos excelentes resultados empresariales. También existe una perspectiva muy favorable en torno a la Inteligencia Artificial (IA). Las inversiones sobre esta nueva tecnología riegan de dinero al sector tecnológico, pero también a otros como el eléctrico, el de construcción o el de infraestructuras del agua. Además, la IA beneficiará al conjunto de las empresas con un abaratamiento de costes.
Pero tras la realidad de las ganancias empresariales y la expectativa optimista de la IA, se esconde otra que los mercados parecen ignorar. Los tipos de interés en los mercados secundarios suben con fuerza en Estados Unidos con un bono a 30 años moviéndose en el 5,2% y el de 10 años en el 4,7%. Las Letras de esta economía ofrecen rendimientos seguros del 4% en el plazo de un año y del 3,80% en la de seis meses.
La deuda pública, los tipos de interés, siempre han competido con la Bolsa y por vez primera en 15 años, comprar deuda resulta más barato que entrar en el mercado estadounidense de acciones. Aunque la Reserva Federal (FED) sigue repitiendo el tipo de las subastas, en los mercados secundarios se producen tensiones al alza en los activos de renta fija con el interés antes comentado.
El abaratamiento de la Bolsa frente a las acciones se aprecia en la ratio PER (número de veces que el precio contiene el beneficio del activo) o como otros gustan señalar, número de años en los que a los precios y beneficios actuales recuperaría el principal de mi inversión. Actualmente, el índice S&P 500 tiene un PER en torno a las 27 veces, mientras que el que ofrecen letras o bonos es inferior. Por tanto, los activos de renta fija están más baratos y, además, son más seguros por cuanto el cupón está garantizado si hablamos de deuda pública.
Con un bono a 10 años en Estados Unidos que se mueve en torno al 4,7%, en 21,23 veces recuperaría mi inversión. En el caso del bono a 30 años que se mueve en el 5,2% se necesitarían 19,2 años y en las T-Bills (letras) a plazo de 1 año serían necesarios 25 años, ya que ofrece un cupón anual del 4%.
Desde los años ochenta, la valoración del bono estadounidense a 10 años ha pasado por todos los escenarios posibles, aunque su rentabilidad media histórica es el 4,25% (inferior a la actual) con un PER de 23,5 veces. El bono estadounidense estuvo extremadamente barato (PER de 6,3 veces) en 1981 con una rentabilidad del 15,84%, tras las fuertes subidas del precio del dinero que aplicó el presidente de la FED, Paul Volcker, para frenar la inflación. Los momentos más caros del bono a 10 años se conocieron en 2020 con un PER de 200 veces y un cupón del 0,5%: crisis del COVID-19, tipos a cero y compras masivas de la FED. El bono estuvo críticamente caro. Y desde 2022 se ha vuelto a una etapa de normalización, pendientes de la evolución de la inflación.
En la comparativa con las Letras, el inversor paga cerca de 25 o 26 dólares por cada dólar de interés. Este abono es completamente fijo, predecible y libre de riesgo de impago. PER de las Letras del Tesoro es extremadamente sensible a las decisiones de tipos de interés a corto plazo, ya que, si la Reserva Federal decide recortar los tipos de interés drásticamente, los rendimientos de las letras bajarán de inmediato, lo que provocará que su PER se dispare de forma automática.
Históricamente, las acciones exigen un PER mucho más bajo que la renta fija a corto plazo porque el inversor quiere un mayor rendimiento a cambio de asumir el riesgo de las acciones. En la foto fija actual, el mercado está en una situación inusual ya el PER del S&P 500 es superior al de las Letras del Tesoro. Esto indica que la bolsa cotiza con una valoración exigente respecto al dinero en efectivo depositado en el tesoro público.
¿Y la rentabilidad por dividendo?
La subida del mercado estadounidense -extrapolable a otra plazas europeas como la española o alemana- también ha provocado una caída en la rentabilidad por dividendo. En el caso del índice S&P 500, ha caído hasta el 3,42%, aunque la media histórica de este índice es del 6% por el cobro de este pago. Una visión histórica nos lleva a un mínimo en 2009 del 0,81%, en plena crisis hipotecaria y de la banca, y a un máximo del 18% en diciembre de 1917.
Rentabilidad por dividendo del S&P 500
El 3,42% de rentabilidad por dividendo es fácilmente superado, nuevamente, por los activos de renta fija pública, tanto de Letras del Tesoro, como en los bonos a 10 y 30 años. El inversor se encuentra ante la disyuntiva de esperar que la Bolsa estadounidense vuelva a abaratarse con un crecimiento sólido y continuo de los beneficios, u optar por adquirir activos gubernamentales. La renta fija es ya un competidor serio al mundo arriesgado de las acciones.
El comportamiento de la inflación y la respuesta que la FED dé a la misma será determinante en esta comparativa entre Bolsa y deuda. Movimientos a la baja en el precio del dinero incentivarán la compra de acciones, mientras que subidas, pondrán a la deuda más a favor.

