“Debes aprender las reglas del juego. Y después debes jugarlo mejor que cualquiera”. Albert Einstein
Dependiendo la edad que tengamos la mayoría de nosotros ha estado expuesto, en mayor o menor medida, a los juegos de vídeo. Desde aquellos que conocimos los primeros juegos hace ya varias décadas, hasta quienes hoy todavía (de manera esporádica o con obsesiva frecuencia) dedicamos minutos u horas a alguno de estos juegos, casi todos en algún momento hemos sido atrapados por alguno de estos exitosos desarrollos tecnológicos.

Si bien existe alguna discusión sobre el tema, la opinión más generalizada y considerada más “correcta” es pensar estos pasatiempos representan generalmente una pérdida de tiempo que podría ser utilizada para actividades más productivas.

Con independencia de aquellos estudios que muestran que el uso de esta tecnología contribuye a desarrollar capacidades de coordinación psicomotriz y en muchos casos fungen como mecanismos para ejercitar la mente, existe una faceta adicional en que los juegos de vídeo pueden generarnos áreas importantes de aprendizaje.

El autor británico y especialista en temas tecnológicos Tom Chatfield, ha analizado cuales son algunos de los elementos comunes a los videojuegos más exitosos y al analizarlos podemos encontrar lecciones útiles para otras facetas de mayor relevancia como la administración de nuestras finanzas y la formación de conductas positivas relacionadas con el ahorro
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Una primera característica que compartne juegos que han sido sumamente exitosos como Mario, Halo, Call of Duty o incluso las diferentes versiones de FIFA, es que parten de un modelo que es posible adaptar dependiendo de los diferentes nivel de habilidad y capacidad de cada jugador, lo que permite atraer desde alguien que nunca ha jugado, hasta quien a partir de la práctica es ya un consumado experto. La forma de traspolar esta característica al ahorro es la de buscar mecanismos que permitan incorporar al ahorrador sin importar su nivel de conocimiento o habilidades y capacidades para el tema. Uno de los aspectos que con frecuencia auyenta a un nuevo ahorrador, es la aparente complejidad inicial implícita en algunos de los mecanismos financieros que se les ofrecen.

Empezar de forma temprana a ahorrar, con mecanismos muy simples para hacerlo, contribuye a “enganchar” al ahorrador amateur tal como el nivel principiante lo hace con un nuevo jugador.

Relacionado con esta característica encontramos también que los juegos de vídeo más exitosos presentan para el usuario interfases amigables y cuyo uso es intuitivo. Inclusive aquellos que tienen controles complejos presentan en las primeras etapas fases que permiten familiarizarse de manera sencilla con las decisiones y los controles que involucra el juego. Llevada al caso del nuestras finanzas, esta idea implicaría la búsqueda de vehículos de ahorro e inversión que sean fáciles de utilizar y entendibles por el usuario. Sólo nos entretiene y buscamos repetir aquello que sabemos utilizar y entendemos.

La segunda característica que comparten estos juegos exitosos es que establecen un sistema con objetivos de corto, mediano y largo plazo claramente identificados y con mecanismos de recompensa que premian los avances que el jugador va teniendo. Así, la persona tiene claro que hay un objetivo de largo plazo, pero más que focalizarse en él se centra en alcanzar los retos de corto plazo que le permiten alcanzar las metas de mediano y largo plazo.

Esta lógica es claramente aplicable de manera favorable cuando se trata del ahorro. Para la mayoría de las personas una meta de muy largo plazo resulta tan distante que es difícil compararla con los beneficios de gastar en el corto plazo. Pero si se establecen objetivos de corto plazo en el ahorro que están adecuadamente alineados, será más factible alcanzar una meta concreta en el largo plazo.

Adicionalmente, si como los videojuegos creamos recompensas intermedias, que premien el alcanzar cierto conjunto de objetivos de corto plazo, ello contribuirá a reforzar el sostenimiento de una conducta que en condiciones normales es difícil de mantener.

Una última característica es que los juegos exitosos crean un entorno que permite y propicia la recurrencia del juego; en casos extremos, su diseño es el que hace que una persona puede estar jugando por horas incluso de manera obsesiva ya que su estructura provoca la repetición de la conducta porque nos van dejando siempre ansiando más. En el caso del ahorro el reto es encontrar (y en el caso de la industria financiera diseñar) mecanismos de ahorro o inversión que induzcan y propicien esta recurrencia de la conducta, para que gradualmente se convierte en un hábito.

Si podemos contagiar aun cuando sea en una proporción pequeña, la obsesión por un juego de vídeo a nuestra conducta de ahorro, estaremos creando una muy fuerte base para mejorar nuestras finanzas personales y familiares.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter @martinezsolares