El punto de inflexión llegó el 10 de enero de 2024 con la aprobación de los ETF de Bitcoin en Estados Unidos, seguida posteriormente por los de Ethereum. Aquello abrió definitivamente la puerta al capital institucional. Desde entonces, Bitcoin pasó de cotizar en torno a los 40.000 dólares a marcar un máximo histórico cercano a los 126.000 en octubre de 2025. Sin embargo, tras ese máximo llegó una corrección significativa que rompió soportes clave y generó dudas en el corto plazo. A ello se sumó una intensa toma de beneficios durante el último trimestre del año, tras dos ejercicios de fuertes subidas impulsadas por la entrada de nuevos actores institucionales.
Muchas instituciones están aún en fase de formación interna, preparando a sus equipos comerciales para ofrecer productos cripto de forma estructurada. Estamos ante un nuevo paradigma. Aunque 2025 fue decepcionante desde el punto de vista del precio —especialmente si se compara con ciclos anteriores—, el contexto actual es radicalmente distinto.
¿Se han roto los ciclos de Bitcoin?
Una de las grandes preguntas es si los ciclos tradicionales de Bitcoin siguen vigentes. Aunque el patrón del halving y los periodos posteriores de corrección parecen cumplirse parcialmente, no se esperan caídas del 70% u 80% como las vividas en 2018 o 2022.
La razón principal es el cambio en el perfil del inversor. El inversor minorista, más emocional y especulativo, ha perdido peso, mientras que los ETF y los productos institucionales aportan una base mucho más estable y orientada al largo plazo. De hecho, los grandes tenedores de Bitcoin han incrementado posiciones durante 2025, mientras que ballenas históricas y primeros inversores han ido reduciendo exposición.
Todo ello está dando lugar a una progresiva profesionalización del mercado, donde Bitcoin comienza a integrarse en carteras tradicionales con asignaciones recomendadas de entre el 4% y el 8%, algo impensable hace solo dos años..
Geopolítica, regulación y el papel de Bitcoin
En el plano geopolítico, se ha especulado sobre posibles tenencias de Bitcoin por parte de Estados como Venezuela, aunque el análisis on-chain no confirma cifras tan elevadas como las que circulan en algunos medios. Sí es evidente que Bitcoin y las stablecoins han sido herramientas clave en economías sometidas a sanciones y bloqueos financieros.
A nivel global, Estados Unidos avanza hacia una regulación más favorable con leyes como la Clarity Act, mientras que Europa consolida el marco MiCA. Al mismo tiempo, el oro ha vivido un rally histórico, impulsado por la incertidumbre geopolítica, la acumulación de reservas por parte de países como China y los elevados niveles de deuda pública.
En este contexto, Bitcoin se posiciona cada vez más como un activo estratégico, comparable al oro, para proteger carteras frente a la degradación monetaria y los déficits estructurales.
Claves a vigilar en 2026
De cara a 2026, Javier Pastor destaca varios factores clave:
Compras continuadas por parte de Estados e instituciones.
Entrada definitiva de la gran banca tradicional.
Mayor claridad regulatoria en EE. UU.
Mejora del entorno macro y de la liquidez global.
Posible rotación de beneficios desde el oro hacia Bitcoin.
Aunque el año pueda comenzar con debilidad, no se descarta una sorpresa positiva si estos factores confluyen.
Entre los principales riesgos figuran eventos geopolíticos extremos, tensiones en el sistema financiero o avances acelerados en computación cuántica.

