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En vuestra portada se sitúa a Europa como actor no líder en un mundo dominado por EE. UU. y China. ¿Qué tendría que ocurrir en 2026 para que Europa deje de reaccionar y empiece a liderar desde el punto de vista económico?

Fundamentalmente, tiene que pasar de las palabras a los hechos. Ir sentando las bases para reducir su dependencia en diversos ámbitos, como pueden ser el de defensa (debe materializarse el incremento anunciado de gasto en defensa y seguridad), en energía (donde sigue siendo dependiente de otros países, antes de Rusia, ahora de Estados Unidos), en minerales raros (depende de China), en tecnología…Todo ello con el objetivo de reducir la dependencia de las cadenas de suministro externas. Esta actitud más proactiva frente al claro liderazgo de Estados Unidos y China exige una mayor unidad (actuar como un todo y no primar intereses nacionales), un incremento de inversiones (especialmente en I+D, donde Europa se sitúa claramente por detrás de Estados Unidos) y más financiación para afrontarlas (impulsar el mercado único de capitales que a su vez movilice ahorro hacia la innovación, dependiendo menos de la financiación bancaria), así como el fomento de “campeones europeos” con mayor capacidad de competir con los dos líderes mundiales. El objetivo es colaborar con ambos líderes, pero a la vez defender los propios intereses europeos. Asimismo, Europa debe evitar el exceso de regulación para promover un mayor crecimiento económico.

Si la geopolítica vuelve a tensarse (China–EE. UU., aranceles, Rusia) ¿qué activos funcionarán mejor como refugio?

Los activos refugio por excelencia son el oro (no depende de ningún gobierno y sirve como cobertura ante la inflación y las tensiones geopolíticas), el franco suizo o el yen japonés. Aunque el dólar también suele actuar de valor refugio, en la actualidad podría no hacerlo tanto en caso de problemas de independencia de la Reserva Federal o de riesgos sobre el crecimiento por un peor entorno arancelario. Al igual que el bono americano, cuyo valor depende de la confianza en EE.UU. y puede enfrentarse al riesgo de una mayor inflación. Además, en un contexto de mayor riesgo geopolítico, las acciones defensivas deberían tener un mejor comportamiento relativo (beneficios no dependientes del ciclo económico, sólidos dividendos)

Sobre la IA se menciona que no hay una burbuja generalizada pero sí señales de alerta. ¿Cuál de esas señales consideráis más cercana a generar estrés financiero?

Consideramos que los riesgos fundamentales están en que las elevadas inversiones no lleguen a rentabilizarse en tiempo y forma. En este sentido, nos preocupa el creciente recurso a deuda para financiar el capex frente al histórico recurso al propio flujo de caja de las empresas, así como la circularidad de las inversiones o los potenciales cuellos de botella de la IA (energía, semiconductores

Se menciona que la inflación europea está “muy controlada”, mientras que la estadounidense muestra componentes con riesgo claro de repunte. ¿Qué región supone mayor riesgo para los inversores en 2026?

En términos de inflación, vemos más riesgo en Estados Unidos, donde existen presiones al alza en el corto plazo derivadas no sólo de los aranceles sino también de otros factores (política industrial, migratoria…), que complicarán aún más la posición de la Fed (¿priorizar empleo o control de la inflación?). En términos de crecimiento, el principal foco de riesgo está Europa, donde la clave está en pasar de las palabras a los hechos e implementar de forma adecuada el prometido estímulo fiscal (defensa europea, infraestructuras alemanas) que permita una aceleración del crecimiento económico y volver a crecimiento de doble dígito en resultados empresariales.

Tras un año de +41% y un potencial ahora más limitado, ¿qué tendría que fallar para que el IBEX no alcance siquiera ese 5% previsto?

La clave del éxito radicará en el cumplimiento estricto de las perspectivas de crecimiento de beneficios. Las valoraciones actuales, tras tres años de alzas, son exigentes y no permiten margen para decepciones. Cualquier desviación a la baja en los resultados empresariales podría contraer los múltiplos y anular las subidas. A esto se suman factores macroeconómicos como políticas monetarias y fiscales restrictivas, un posible deterioro macroeconómico en Europa o la inestabilidad en Latinoamérica, especialmente relevante para las empresas del IBEX.

Tras batir al benchmark en 2025, ¿qué cambia en 2026 en vuestro proceso de selección para mantener esa ventaja?

Tras tres años consecutivos de fuertes alzas en los índices, las valoraciones actuales son exigentes, reflejado en el limitado potencial que anticipamos para el Ibex 35 en 2026. En este escenario, debemos ser aún más selectivos y la estrategia de stock picking se hace aún más necesaria, siempre partiendo de un profundo análisis macro y micro que nos permita ir adaptándonos al entorno macro y situación específica de cada compañía en todo momento a lo largo del año. 

Los cartera de Las cinco grandes combinan varios sectores. ¿Qué aporta cada uno a la estabilidad global de la cartera y cuál es el riesgo de cada caso?

Nuestra cartera se caracteriza por un equilibrio estratégico entre valores defensivos y cíclicos. En el segmento defensivo, incluimos Enagás, que ofrece estabilidad y predictibilidad gracias a su modelo regulado, si bien su principal riesgo reside en posibles cambios en el marco retributivo. A ella se suma Cirsa Enterpris, un valor que ha demostrado resiliencia con 69 trimestres consecutivos de crecimiento de EBITDA (exceptuando los 8 del periodo COVID), y cuyo riesgo principal es la evolución regulatoria del sector del juego.

En el lado cíclico, ArcelorMittal proporciona una exposición significativa al ciclo industrial global. Vemos un catalizador claro en la entrada en vigor de las nuevas medidas de salvaguarda en Europa para 2026, aunque su elevada volatilidad y el riesgo de una entrada masiva de producto asiático previa a estas medidas (julio de 2026) son factores a vigilar. IAG  nos ofrece exposición al aumento de la movilidad global y a un potencial de consolidación en el sector aéreo, con los conflictos geopolíticos como su riesgo más relevante. Finalmente, Santander nos posiciona frente al ciclo económico general y a la evolución de los tipos de interés. Si bien su riesgo principal sería un deterioro económico global que forzase bajadas de tipos (escenario que no contemplamos a corto plazo).

En 2026 buscáis compañías con rentabilidad por dividendo atractiva y crecimiento de beneficios. ¿Qué condiciones debe cumplir un valor para no caer en la trampa de dividendo alto pero de baja estructura?

Nuestros criterios de selección son rigurosos: buscamos compañías con elevada estabilidad en la generación de flujos de caja que sustenten una sólida política de retribución al accionista y sin riesgo de recortes. Adicionalmente, exigimos sólidos fundamentales que respalden atractivas perspectivas de crecimiento de beneficios. Para evitar la trampa de los dividendos, analizamos en profundidad los siguientes aspectos: 1) Sostenibilidad del dividendo: además de la rentabilidad, analizamos la capacidad del flujo de caja para cubrir inversiones, repagos de deuda y el mantenimiento del dividendo. 2) Situación financiera: priorizamos empresas con bajos niveles de endeudamiento, evitando riesgos de recortes de dividendos forzados por obligaciones de deuda. 3) Historial de Dividendos: preferimos compañías con un historial de dividendos estable o creciente. 4) Calidad de la compañía: analizamos su posicionamiento sectorial y la resiliencia ante riesgos que puedan afectar drásticamente sus beneficios. 5) Valoración de la acción: no sólo buscamos rentabilidad por dividendo, sino que también tiene que contar con un potencial de revalorización significativo respecto a nuestro precio objetivo. Además, las rentabilidades por dividendo anormalmente elevadas, producto de desplomes en la cotización, son sometidas a un análisis exhaustivo para descartar deterioros fundamentales que pongan en duda dicha rentabilidad.

En definitiva, no tratamos de seleccionar aquellas compañías con los dividendos más elevados, sino invertir en compañías de calidad, con flujos de caja estables y crecientes que hagan que el dividendo sea sostenible en el tiempo.