2026 ha arrancado con los mercados en máximos, con Venezuela en el foco de atención y Groenlandia ganando relevancia. Han empezado fuertes las bolsas, ¿cómo ves ahora mismo el panorama?
El inicio de 2026 está siendo sólido y continúa la tendencia que ya traíamos de finales de 2025. Más allá del cambio de año, el mercado sigue “montado en la ola” previa, apoyado en un entorno de crecimiento económico razonable y expectativas positivas sobre los beneficios empresariales.
Los grandes índices están en máximos históricos, con el Dow Jones por encima de los 49.000 puntos y el FTSE 100 superando los 10.000, impulsados por el optimismo sobre la evolución económica y la solidez de los resultados corporativos. Todo ello se produce incluso en medio del llamado “shock venezolano” y del debate geopolítico sobre Groenlandia.
El mercado interpreta por ahora la situación en Venezuela como un foco de tensión acotado: sí, hay presión y volatilidad en el crudo y cierto apoyo a sectores como energía y defensa, pero no se percibe un riesgo sistémico. La captura de Maduro y el nuevo esquema de exportaciones hacia Estados Unidos refuerzan la idea de que la producción venezolana tardará años en tener un impacto real, ya que requiere fuertes inversiones.
En cuanto a Groenlandia, su peso crece como proveedor potencial de minerales críticos y tierras raras y como nueva frontera geopolítica en el Ártico, pero su influencia es más estratégica que inmediata en el mercado.
A nivel macro, el consenso sigue apuntando a crecimiento positivo en 2026, sin recesión a la vista y con bancos centrales en una fase de retirada o estabilidad en tipos. A esto se suma el empuje de la inteligencia artificial, el gasto en defensa y la transición energética, que aportan soporte adicional a beneficios y capex. No obstante, el escenario no es de optimismo gratuito: las valoraciones en Estados Unidos son exigentes y existen riesgos como una escalada geopolítica o un repunte de materias primas que reavive la inflación.
El balance es positivo para la renta variable, pero con mayor disciplina, coberturas selectivas y vigilancia permanente de titulares.
Si te pidiera dos valores del Ibex que muestren fortaleza en este arranque de 2026, ¿cuáles destacarías?
No son recomendaciones cerradas, pero sí dos nombres que el mercado está tratando claramente como valores fuertes en este inicio de año: Indra y ACS.
Indra es, sin duda, el mejor valor del Ibex en este arranque de ejercicio. Viene de cerrar 2025 en máximos históricos y ha comenzado 2026 entrando prácticamente en subida libre, liderando muchas de las sesiones del índice. Su fortaleza se apoya en un flujo de noticias favorable, como la firma de contratos relevantes —el último, por más de 300 millones de dólares— que refuerzan la visibilidad de ingresos y su papel como campeón europeo en defensa y sistemas críticos. El mercado está dispuesto a pagar múltiplos exigentes por este crecimiento, alineado con el aumento estructural del gasto en defensa.
Eso sí, no es un valor tranquilo: presenta elevada volatilidad, fuerte dependencia de decisiones políticas y presupuestarias, un PER por encima de la media del Ibex y riesgos de gobernanza que conviene no perder de vista.
El segundo valor es ACS, que lleva meses mostrando un comportamiento técnico muy robusto. Ha superado resistencias, ataca máximos históricos de forma recurrente y aparece con frecuencia entre los valores que tiran del índice en las sesiones de enero. Además, ha logrado contratos relevantes, como el adjudicado para mejorar el aeropuerto de Los Ángeles por unos 380 millones de euros, reforzando su presencia en Estados Unidos.
Su tesis combina un negocio defensivo en concesiones con una fuerte exposición a infraestructuras y, cada vez más, a la construcción de centros de datos vinculados a la inteligencia artificial, lo que el mercado interpreta como un nuevo vector de crecimiento. Aunque existe ruido sobre si la fiebre de la IA está cara, ACS mantiene una elevada capacidad de generación de caja y una fortaleza estructural clara, si bien cotiza ya por encima de muchos precios objetivo.
Con la inteligencia artificial, los tipos en Estados Unidos y la inminente temporada de resultados que comienza con los bancos americanos, ¿serán ahora las cuentas corporativas el gran catalizador del mercado?
Entramos en una fase clave. Los resultados corporativos serán el test de estrés del relato que ha impulsado a las bolsas en este arranque de 2026, aunque no serán el único factor en juego. Hasta ahora el mercado se ha movido en torno a tres grandes historias: el boom de la inteligencia artificial y el capex en centros de datos, la expectativa de recortes de tipos por parte de la Reserva Federal y la geopolítica, ahora con Venezuela y Groenlandia en primer plano.
Con los bancos estadounidenses abriendo la temporada, veremos si confirman un crédito sano, menores provisiones y un buen negocio en comisiones y mercados.
Si además las grandes tecnológicas demuestran que la IA se traduce en crecimiento real de ventas y márgenes, el mercado sentirá que no se ha adelantado demasiado y el rally podrá consolidarse.
Pero el listón está muy alto. Lo importante no es solo el dato, sino su relación con unas expectativas que han sido revisadas al alza durante meses. Cualquier decepción en sectores estrella como tecnología, semiconductores o banca puede provocar correcciones violentas y arrastrar al conjunto del mercado.
Además, el foco en resultados no hará desaparecer la macro: inflación, actividad y discurso de los bancos centrales seguirán siendo determinantes, ya que los tipos siguen marcando las valoraciones. Por tanto, los resultados serán protagonistas y decidirán si la subida reciente estaba justificada o si se ha ido demasiado lejos, pero no podrán desligarse de la evolución de la política monetaria y del contexto geopolítico.

