Cuando determino la cantidad de dinero que debo asignar a cada clase de activo dentro de un fondo equilibrado que incluya renta variable, renta fija, materias primas, bienes inmobiliarios y efectivo, aplico la metodología denominada “Reloj de Inversión”. Esta metodología se basa en mi interpretación de las tendencias y ciclos en la economía mundial y engloba dos conceptos: el crecimiento y la inflación.
Los bonos y los bienes inmobiliarios rinden bien cuando el crecimiento es débil, la inflación desciende y los bancos centrales comienzan a recortar tipos. Mientras tanto, la mejor época para las acciones suele coincidir con las primeras etapas de una recuperación desinflacionista, momento en que los beneficios empresariales aumentan considerablemente. Por otro lado, las materias primas tienen un comportamiento excelente cuando la inflación va en ascenso, fenómeno que hemos presenciado recientemente: La economía mundial se está sobrecalentando y las materias primas escasean. Por último, el efectivo es la opción más segura cuando la inflación y los tipos de interés continúan aumentando dentro de un contexto de crecimiento débil. A posteriori siempre es fácil reconocer el comienzo y el final de alguna de las diferentes fases de ciclo económico. El problema con el que nos enfrentamos los inversores que trabajamos en tiempo real, reside en que no disponemos de un adivino para predecir lo que sucederá a continuación o en el futuro y, dado a que los informes de datos económicos se publican a posteriori, resulta complicado identificar lo que está sucediendo actualmente. Por ello, yo recurro a lo que denomino nowcasting, o la “previsión del ahora”. Para hacerlo, me pregunto si se mantienen vigentes las tendencias del pasado y si tenemos en cuenta la información sobre el futuro. Desde el pasado verano, la renta variable se ha visto favorecida por la sólida economía mundial y el impacto desinflacionista que ha provocado un descenso en los precios del petróleo. Sin embargo, los principales indicadores de crecimiento se mantuvieron negativos durante la mayor parte de este periodo, lo que me llevó a adoptar una postura ligeramente defensiva en mis fondos. Me decanté por los bonos debido a la inquietud generada a medida que descendía la confianza empresarial en EE.UU y Japón, aumentaban los inventarios de producción, se mantenía invertida la curva de rentabilidad y los economistas recortaban sus estimaciones del PIB. Este mes hemos presenciado un sutil desplazamiento en el “Reloj de Inversión”, lo que me ha llevado a adoptar una postura más optimista frente a la renta variable. Las tendencias del crecimiento mundial se mantuvieron sólidas gracias a un descenso en las tasas de desempleo de todas las economías más importantes. Sin embargo, ahora parece que los principales indicadores están comenzando a subir desde sus mínimos. Asimismo, la solidez en los precios de las materias primas sugiere que la economía mundial se ha desvinculado de los excesos de inventario y que la producción manufacturera podría aumentar de ritmo. Simultáneamente, los economistas han comenzado a mejorar sus previsiones sobre el PIB (especialmente para las economías europeas), las noticias procedentes de China son positivas y la confianza empresarial está dando señales de reanimarse a nivel mundial. El aumento en los precios de la renta variable también se ha visto afectado por otros factores. El crecimiento en la oferta monetaria se ha mantenido fuerte en Europa y en ascenso en EE.UU; las acciones globales parecen baratas en comparación con los bonos y el momentum relativo de los precios sigue favoreciendo más a las acciones que a las materias primas, al efectivo o a los bonos. Sin embargo, se mantienen dos factores de riesgo, con lo cual, mi sobreponderación en renta variable sigue siendo modesta: -El primero y más importante es el derrumbe del mercado de la vivienda en E.E.U.U, que podría generar un bajón más pronunciado en el consumo estadounidense, lo cual, a su vez, repercutiría en el resto del mundo. Hasta ahora, el aumento en los salarios ha sido importante y las tasas de desempleo en ese país se encuentran cerca de los mínimos cíclicos, lo que suele servir de apoyo al consumidor. No obstante, seguimos observando de cerca la situación. -El segundo factor es geopolítico. Las tensiones entre EE.UU e Irán podrían derivar en una subida estrepitosa de los precios del petróleo y de la inflación. También estamos siguiendo esta situación muy de cerca y, en caso de que fuera necesario, inclinaríamos la exposición de nuestros fondos mixtos hacia las materias primas y el efectivo. ¿Qué significa todo esto en la práctica? He neutralizado algunas posiciones de renta variable previamente infraponderadas en el FF Multi-Asset Strategic Fund, desprendiéndome de bonos globales y valores inmobiliarios por un lado y aumentando mi exposición a la renta variable emergente y las acciones industriales mundiales por el otro. Además, he comprado más materias primas con el fin de reducir a la mitad el grado de infraponderación respecto al índice de referencia. Estos pequeños cambios, aunados a los ajustes adicionales que posteriormente sean necesarios, deberían permitir que el fondo aproveche al máximo un posible cambio en el ciclo global.