José Luis Cava comienza subrayando que lo que ocurre en Irán “no tiene nada que ver con la religión, no tiene nada que ver con la ideología”, sino con “una pauta perfectamente reconocible que se repite prácticamente en todos los países del mundo”. Explica cómo “el valor del real iraní tiende a cero” y afirma que esa moneda “no vale nada”, llegando a decir que “vale menos que el papel higiénico”. Para él, este fenómeno no es aislado: recuerda el “bolívar venezolano, el peso argentino, la lira turca, la libra libanesa, la libra siria, la libra egipcia”, afectando a “más de 1.200 millones de personas”.

Define este proceso como “un timo piramidal sistemático de los políticos” y sostiene que las “monedas fiat son basura pura”. Añade que esta pauta también se repite en Japón, China, Europa y Estados Unidos, mostrando cómo “la cotización del yen japonés frente al oro está en una tendencia bajista que tiende a cero” y cómo “se desploma el euro frente al oro”.

El experto explica que los gobiernos han reaccionado utilizando ingresos energéticos para entrar en el ecosistema cripto. Señala que el gobierno venezolano “utilizó los ingresos del petróleo” para comprar “dólares digitales, Tether” y “una parte la dedicaron a Bitcoin”. Afirma que Irán ha hecho lo mismo, usando los ingresos del petróleo para comprar “dólares digitales y luego Bitcoin”, destacando que Irán es “el cuarto país del mundo en cuanto a minería de Bitcoin” y que la Guardia Revolucionaria controla esas granjas.

Según Cava, “los ciudadanos han tirado esa moneda basura y se han ido a las criptomonedas”, y remarca que “el 88% prácticamente de la minería de Bitcoin en Irán es ilegal”. Sostiene que no han elegido el oro porque “pesa mucho, es difícil de transportar y fácil de confiscar”, y concluye que el deterioro de las monedas fiat “tiene que impulsar al alza la cotización de los activos duros porque no hay otra opción”.

Finalmente, advierte de una “guerra monetaria” y afirma que Europa atraviesa “una crisis existencial”. Considera que no desregulará ni favorecerá la actividad económica, sino que optará por “el camino más fácil”: “prohibir, prohibir, prohibir”, concretamente “la libertad de movimientos de capitales”.