“La confianza, como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas la preguntas”. Earl Gray Stevens.
Considere usted el siguiente ejemplo. Si alguien le pregunta qué nivel de conductor de automóvil cree usted ser; teniendo como opciones arriba del promedio, en el promedio y debajo del promedio; que respondería? La mayoría de las personas responderíamos que nos encontramos en el promedio o por arriba de este. Pero ello es estadísticamente imposible; para que exista el promedio debe haber un número significativo de personas que son conductores debajo del mismo. Ahora imagine que esta misma pregunta se la hacen respecto de sus capacidades como inversionista.

Ello es así porque un sesgo conductual que afecta casi cada decisión que tomamos, es que las personas tendemos a sobrevalorar nuestras capacidades concretas en relación con un tema que creemos que conocemos.

En un ensayo titulado “Sobreconfianza y comportamiento de trading excesivo”, los investigadores Irwan Trinugroho y Roy Sembel argumentan, a través de un estudio experimental, que la desmedida sobre confianza de un inversionista, provoca que éste asuma conductas agresivas y excesivas de trading, que generalmente terminan por deteriorar el rendimiento global de su portafolios. El estudio demuestra además que, incluso cuando se presenta una mala noticia en el resultado de las inversiones, el nivel de sobreconfianza no disminuye; pareciera que no sufre modificación como resultado de un análisis de las decisiones equivocadas que llevaron a un mal resultado.

Uno de los sesgos de decisión conductual asociados a la sobre confianza es el llamado “anclamiento” (anchoring en inglés), y se refiere a la propensión que tenemos las personas a mostrar incapacidad para incorporar plenamente nueva información cuando tenemos una opinión preestablecida subjetiva ya formada; inclusive cuando la nueva información tiene elementos que refutan los fundamentos de nuestra opinión.

El riesgo fundamental que implica este sesgo en términos de inversión, es que el inversionista puede pasar por alto señales específicas del mercado contrarias al escenario que él prevé. En este caso, el anclamiento puede producirse cuando, por sobreconfianza, somos incapaces de reconocer aquellos argumentos que ponen de manifiesto que los supuestos a partir de los cuales definimos una estrategia de inversión no se están cumpliendo y, consecuentemente, convendría una revisión y en su caso, una desinversión.

La sobreconfianza conduce también a una equivocada percepción del riesgo. Porque se parte de pensar que todos los factores que pueden afectar el desempeño de una inversión, están reconocidos dentro del análisis que llevó a tomar la decisión o porque aún reconociendo ciertos factores, se descalifican por no caber dentro del escenario previsto.

Curiosamente, uno de los elementos que detonan la sobreconfianza, es el estudiar mucho sobre un tema determinado. Y ello se produce porque el exceso de información nos provoca una falsa sensación de dominio del tema y de control de la mayoría de sus variables involucradas. Y tratándose de temas financieros, particularmente de temas donde los factores que inciden en el comportamiento de las variables son múltiples y de diversa naturaleza -como ocurre por ejemplo en el mercado accionario- el conocimiento debe ser visto si como una herramienta que permite entender y dimensionar la complejidad de los temas, pero nunca como una que concede infalibilidad a las decisiones.

La mejor manera de combatir los efectos negativos de la sobre confianza como inversionista, es primero que nada recordar permanentemente que el margen de equivocación es alto y permanente; así como que es conveniente establecer reglas específicas, que nos permitan reconocer cuando un escenario de inversión salió de los parámetros originalmente previstos y se debe, sin demora, tomar una decisión: ejemplo de ello son figuras como el stop loss o stop gain, como referencias más objetivas, definidas de manera previa, que me obligan a reconocer las fallas de mi decisión o análisis.

En el extremo, la falta de confianza puede provocar inacción. Pero el exceso de ella puede llegar a decisiones que comprometan seriamente nuestro patrimonio. La dificultad esta, en encontrar y mantener ese justo medio.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

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