En Europa la Gran Crisis Financiera, como la llaman los anglosajones, sigue sin estar completamente resuelta. El viejo continente hace honor a su calificativo y se mueve renqueante y asegurándose a cada paso que da. 
 
El 15 de septiembre de 2008 también pilló por sorpresa al mercado a este lado del Atlántico.  Había certeza de que algo muy oscuro se amasaba en los balances de los bancos americanos y que desprendía un ligero tufillo a podrido, pero nadie pensaba que la podredumbre se contagiaría hasta el tuétano del sistema financiero europeo. Pero así fue.

Algunos bancos europeos también tenían créditos subprime en sus balances y muy pronto comenzaron los rescates. En el Reino Unido el día 18 de septiembre, apenas tres días después Lloyds se hacía con la hipotecaria HBOS. El 28 de septiembre, en pleno huracán, se producía la primera bancarrota bancaria en el país y era el Banco Santander el que acudía al rescate. La entidad que por aquel entonces presidía Emilio Botín se hizo con los depósitos y la red de sucursales de Bradford & Bingley. Una entidad pequeña, pero que venía a completar la red de Abbey y Alliance & Leicester que había adquirido meses antes. Botín se convertía en el auténtico caballero blanco del sistema financiero británico –un papel que se negó a desempeñar en ningún momento durante la crisis en España-.

El mismo 28 de septiembre comenzaba la debacle, el estado holandés y BNP Paribas salía al rescate de Fortis, solo unos días después ocurría lo mismo con Dexia.  No era el único banco del centro de Europa, ya que UBS también tuvo que sacar del atoyadero a UBS, con una inyección de 40.000 millones de euros.

El verdadero pánico ocurrió en octubre de ese año, cuando se sucede el rescate del sistema financiera islandés y del irlandés.  También se tuvieron que acoger a ayudas estatales algunos bancos portugueses, aunque la traca final la vivimos en España. De ser los campeones de la Champions League del sistema financiero mundial vivimos una de las agonías más observadas  de la historia, el rescate de Bankia, que se llevó a cabo el 25 de mayo de 2012.

El nuestro ha sido uno de los países en los que se ha producido una reestructuración más profunda del sector financiero. Nuestros problemas no se produjeron por las subprime, ya que la legislación del Banco de España impedía comercializar ese tipo de productos, sino que se debió a problemas endógenos, la burbuja inmobiliaria, que había disparado el precio de la vivienda. La continuación de la historia es de sobra conocida y a día de hoy el país sigue esperando un crecimiento suficiente como para recuperar los puestos de trabajo perdidos y la clase media que se quedó por el camino.

Pero desde un punto de vista meramente europeo queda todo por hacer. Hay países donde se espera que el Estado fuerce una necesaria reestructuración, como Italia. Por otro lado, casi nadie habla del sistema financiero alemán, donde siguen a vueltas sobre la situación de Deutsche Bank. Hace solo unos meses el FMI lo declaraba el mayor banco sistémico del mundo y los expertos afirman que la onda expansiva de su posible quiebra sería infinitamente mayor que la de Lehman Brothers.

Valoración


Hace solo unos días, durante una conferencia sobre el futuro de la banca, José María Roldán, el presidente de la AEB (Asociación Española de la Banca).  Apuntaba que “Europa está sobre bancarizada, pero no no en todos los países el grado es el mismo. En España se el número de entidades se redujo desde 42 a 15 durante la crisis. Otros países ni tan siquiera ven la aceptación de su diagnóstico”, apuntan.
Además de este problema no resuelto y crónico, los bancos europeos se enfrentan a varios retos. Quizá el más acuciante de todos sea la sed de rentabilidad a la que les ha sometido el Banco Central Europeo (BCE) con su política de tipos de interés negativo.

A más largo plazo tendrán que asumir que el acecho de las Fintech no es un reto inmediato, sino que estos nuevos competidores han venido para quedarse y que ahora más que nunca se hace realidad la frase de “renovarse o morir”. Es el momento, dicen  todos los expertos.

Quizá hay sido esta lentitud la que ha provocado que casi ningún banco europeo cotice en estos momentos por encima de los niveles de antes de la quiebra de Lehman Brothers.

En España la situación es clara; solo hay un banco que cotiza por encima de ese nivel, el resto están todos muy por debajo de las cotas en las que se movían el día que explotó la bomba Lehman Brothers.



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