¡Si usted no logra convencerse de que “cuando pierdo un 25%, compro” y desterrar para siempre la fatal idea de que “cuando pierdo un 25%, vendo”, nunca logrará unas ganancias decentes en la bolsa! Peter Lynch.


Reconozco que llevo más que un tiempo considerable reflexionando sobre la psicología de inversión. No logro desengancharme de la idea de analizar la masa como tal, en cuanto a mi querido Mr. Market. Vivo en estado de permanente asombro al escuchar cómo la gente, tanto los profesionales como los aficionados, explican el comportamiento de las acciones y de algunos activos. Cierto es que hemos evolucionado muchísimo en la superación de la ignorancia y de la superstición. Pero nos burlamos de que nuestros antepasados culparan de las malas cosechas a los dioses del maíz, y me pregunto ¿cómo es posible que en materia bursátil sigamos completamente dispuestos a creer que los precios de las cotizaciones están sujetos a este tipo de fenómenos? Resulta asombrosamente inoportuno observar con qué frecuencia la gente se convence de que las acciones van a subir o la economía va a mejorar justo, ¡cuando va a ocurrir lo contrario! Y a su vez ver cuán rápidamente pueden invertirse las actitudes de los inversores, aún cuando la rentabilidad sigue siendo la misma. Hay algo de nuestra naturaleza como seres humanos que nos vuelve terriblemente inoportunos en bolsa. ¿No les parece?

Los años que he tenido el placer de vivir este negocio, me han convencido de que a la hora de invertir, como dicen, el dinero listo no es realmente tan listo, y el dinero tonto no es tan tonto como se cree. El dinero tonto sólo es tonto cuando escucha al dinero listo. Creo férreamente que sólo se debería invertir por cuenta propia cuando esté decidido a seguir su propio criterio. Eso significa, aunque complejo, ignorar los rumores, las recomendaciones de los brokers y la última sugerencia de su newsletter preferida, en favor de su propio trabajo de investigación. Esta última he de reconocer que no debería exagerarla, porque si ello ocurriera a gran escala, se vería afectado parte de mi trabajo... Bromas a parte, desde Blackbird asumiendo nuestras propias convicciones independientes intentamos dar nuestra visión del mercado, sin ningún otro tipo de interés más que crear algo que nosotros hubiéramos deseado tener como operadores que fuimos y somos, y compartirlo. Pero más allá de ello, citaría cientos de razones por las cuales estoy convencida de que no hay nada mejor que equivocarse o acertar; ¡por mérito propio!

Tener objetivos realistas es fundamental, ¡he escuchado a mucha gente decir que se conformaría con un rendimiento anual del 25-30% en bolsa! ¿Conformarse? Ni siquiera los magnates de los años veinte podían asegurarse unas ganancias del 30% de forma indefinida, y eso que Wall Street entonces, ¡estaba muy manipulado a su favor!

La gestión de activos y la estrategia a la hora de construir una cartera es claramente una de mis pasiones más profundas, he mantenido en diversas ocasiones que autodenominarse Trader no es más que el tecnicismo anglosajón empleado para aquellos que nos dedicamos a “comerciar” en los mercados. Y el dinamismo que hemos de tener ante él, es y debe ser siempre ágil, camaleónico y voraz, como inversores, especuladores, Swing Traders, Day Traders o Traders Direccionales, al final nuestra pauta es la gestión discrecional, y a ello es lo único que aplica.

Compromisos emocionales


Volviendo a mi asombro acerca de la curiosa “conformidad” de las rentabilidades anualizadas de mi sector, cabe destacar que no tiene nada de malo tener unas expectativas elevadas, pero hay que tener un riguroso control sobre ellas. Si alguien espera ganar un 30% cada año, resulta más probable que se sienta frustrado porque las acciones o activos operados no respondan a dichas expectativas, y podría resultar que la impaciencia le empujara a abandonar la inversión justo en el momento más inadecuado. O peor aún, podría llevarle a asumir riesgos innecesarios persiguiendo ganancias ilusorias. Exclusivamente la aplicación estricta de una estrategia tanto en los años buenos como en los malos, permite maximizar nuestros beneficios a largo plazo.

Si nos referimos a la consistencia a largo plazo, que es indiscutiblemente el objetivo, se estarán preguntando ¿cuál podría ser un objetivo de rentabilidad realista? No hay duda de que las acciones y nuestros activos deben ofrecer mejor rendimiento que los bonos, de modo que obtener un 4%, 5% ó 6% a largo plazo es un pésimo resultado. Si al revisar nuestra estrategia e historial operativo global no hemos superado dichos niveles, o los acordes a una cuenta de ahorros ordinaria, es que la técnica aplicada es considerablemente deficiente. Si los profesionales que nos dedicamos a seleccionar y operar activos en el mercado no somos capaces de superar a los fondos indexados que se dedican a hacer compras generalizadas, es que no nos estamos ganando el sueldo.

Como operadores mi experiencia me lleva a determinar las cualidades que sí he necesitado para operar por cuenta propia y batir las rentabilidades anteriormente citadas, cualidades tales como la paciencia, la autoconfianza, el sentido común, la tolerancia al dolor, la apertura de la mente, el distanciamiento, la persistencia y ¡la humildad! También la flexibilidad, la siempre disposición a realizar investigaciones independientes, idéntica disposición a admitir errores y la a veces, tan difícil capacidad de ignorar el pánico a nuestro alrededor... Considero que es muy importante ser capaz de tomar decisiones en ausencia de información completa o perfecta. Las cosas casi nunca están absolutamente claras en el mercado, y cuando lo están es demasiado tarde para aprovecharse de ello. Creo que aquellas mentes científicas que necesitan tener todos los datos sólo van a encontrar frustración aquí, pero lo realmente crucial es la capacidad de resistir la naturaleza humana, y las reacciones instintivas que a todos nos golpean con frecuencia, o al menos a mi sí.

El inversor incauto oscila constantemente entre tres estados emocionales; preocupación, complacencia y capitulación. Se siente preocupado después de una caída del mercado o de alguna turbulencia en la economía, lo que a menudo le impide comprar buenas empresas a precios de ganga. Luego, cuando finalmente se decide a comprar a precios más altos, se deja arrastrar por la complacencia y está seguro de que la cotización de sus acciones va a subir. Éste es justo el momento en que debería estar preocupado y atento a los fundamentales, pero casualmente ocurre siempre lo contrario. Cuando finalmente sus inversiones tienen problemas con la crisis y los precios caen por debajo del precio de compra, capitula y vende de forma cuanto menos impulsiva. Hay quien cree ser un “inversor a largo plazo” pero demuestra serlo sólo hasta la siguiente caída importante, o la siguiente subida menor ¡nunca me cansaré de decirlo!… En cuyo momento se convierte inmediatamente en inversor a corto plazo y vende soportando enormes pérdidas o con beneficios minúsculos. ¡Es fácil dejarse llevar por el pánico en un negocio tan volátil!

Hay quien cree ser un “contrarian” y está convencido de que puede ganar dinero a base de girar a la izquierda cuando los demás giran a la derecha, pero la realidad es que no se le había ocurrido ser un “contrarian” hasta que estaba tan de moda que el inconformismo se había convertido en la visión aceptada. Creo que el auténtico contrarian no es el inversor que lleva la contra a los demás en algún tema candente, si no es aquel que espera a que las aguas se calmen y compra acciones en las que nadie se fija, bajo un estricto Stock Picking operativo.

Cuando se trata de predecir el comportamiento del mercado, la virtud más importante no es la escucha, sino la pasividad. El truco no consiste en confiar en los propios impulsos, sino en aprender a ignorarlos. ¡Manténgase fiel a su operativa mientras su criterio de valoración no cambie! En caso contrario, tal vez su única esperanza de aumentar el patrimonio sea la fórmula infalible de J.Paul Getty: “Levántate pronto, trabaja duro, encuentra petróleo”.

Gráfico Ibex


Hoy me he permitido reflexionar, profundizar en mi psicología inversora y se preguntarán quizás porque. Pues esta semana he recibido a través de mis encuentros digitales muchísimas preguntas de los usuarios de ésta y otras casas que estuve encantada de resolver. En cada bloque de preguntas me preguntan si es un buen o un mal momento para invertir. Por cada persona que se pregunta hoy si el BSCH es una empresa sólida, o correctamente valorada a su precio actual, cuatro personas quieren saber si la tendencia alcista en USA sigue en buena forma o si empiezo a notar signos que nos pudieran llevar a un cambio de tendencia, ésta última, en ambos continentes. Tan pronto como leo esas palabras siempre pienso que la única predicción que puedo hacer sobre los mercados es tan válida como la de aquellos que me consultan. “Si debes hacer pronósticos - dijo una vez un inteligente pronosticador -, hazlos a menudo.”

Citando la célebre broma atribuida a Shaw; ¡si todos los economistas del mundo nos tumbáramos uno al lado del otro, no sería mala cosa! Warren Buffett solía decir “Por lo que a mi respecta, la bolsa no existe. Sólo está ahí como referencia para ver si alguien se ofrece a hacer alguna tontería”.

Créanme cuando digo que me encantaría poder predecir los mercados y anticipar las recesiones, pero puesto que eso es imposible, me doy por satisfecha con buscar empresas y una operativa rentable, igual que hace Buffett, salvando las evidentes distancias. He ganado dinero en mercados infames, y a la inversa. Pero recuerden; suponiendo que usted pudiera predecir el próximo boom económico con absoluta certeza y que quisiera aprovecharse de ello comprando unas cuantas acciones de altos vuelos. Aún debería escoger las acciones adecuadas, igual que si no tuviera ningún poder de predicción. Por tanto, no sobrevalore la competencia o la sabiduría de los profesionales, aproveche lo que ya sabe y busque oportunidades que no han sido aún descubiertas o certificadas, aquellas empresas que están fuera del alcance del radar, para mi este tipo de inversión supone un 10% muy diversificado de mi cartera. Y si se decide a ser inversor, dicen que es adecuado invertir en una casa antes que en acciones, invertir en empresas no en la bolsa, ignorar las fluctuaciones a corto plazo y nunca olvidar que se pueden conseguir grandes beneficios con las acciones, pero también acarrear grandes pérdidas.

Es inútil tratar de predecir la evolución de la economía y menos aún tratar de hacerlo con la dirección que tomará la bolsa a corto plazo. El rendimiento de las acciones a largo plazo es relativamente predecible y muy superior al rendimiento a largo plazo de los bonos, pero también he de decir que creo que las acciones no son para todo el mundo, ni para todos los momentos de la vida de una persona, y sabemos que contar con una ventaja estadística ayuda a ganar dinero en bolsa, pero más vale una en mano que ciento volando. ¡Y aquí, cada cual decide en qué bando desea estar!

Gisela Turazzini
CEO, Blackbird