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Una revalorización del más del 10% ha logrado el metal precioso desde mediados de junio cuando llegó a cotizar por debajo de los 4.000 dólares la onza, tras tocar un máximo histórico en febrero en los 5.287 dólares. Los analistas, en general, se muestran optimistas y no descartan que vuelva a sus niveles más alto. Eso sí, las decisiones de la Reserva Federal (Fed) sobre el precio del dinero serán la principal clave en sus movimientos. Los conflictos geopolíticos han introducido una volatilidad e incertidumbre adicionales en los mercados, mientras que la evolución de los tipos de interés y de la inflación sigue siendo difícil de prever y decidirá la dirección de los precios del oro y la plata.

Las compras de los bancos centrales no se perciben como determinantes en su evolución, mientras los fondos cotizados (ETF) del oro vuelven recibir entradas de inversores, tras meses de salidas.

Chris Mahoney, gestor de inversiones en oro y plata de Jupiter AM explica en un reciente informe que las expectativas de tipos de interés reales (descontada la inflación) la orientación de la Reserva Federal serán determinantes para su precio.  “Antes del conflicto, el mercado descontaba alrededor de 50 puntos básicos de recortes del tipo de los fondos federales antes de finales de 2026. Sin embargo, pocas semanas después, el mercado había eliminado por completo esas expectativas de recortes y pasó a anticipar al menos una subida del tipo de los fondos federales antes de que terminara 2026”. Y añade: “la presión bajista se vio agravada por la salida de inversores especulativos y asesores de negociación de materias primas, que mantenían posiciones muy largas en el oro antes del conflicto”, indica.

Cambio de expectativas

El experto de la gestora Jupiter no cree que la compra por parte de los bancos centrales sea un elemento clave para el alza del precio del oro. “En un contexto de debilitamiento del mercado laboral, las subidas del tipo de los fondos federales que descuenta actualmente el mercado podrían dejar de reflejarse en los precios y dar paso a expectativas de recortes. Esto respaldaría un precio más elevado del oro”, concluye.

Alex King y Joshua Riefler, analistas en la gestora Wellington Management vuelven al concepto de valor refugio del oro y hacen una diferencia con el petróleo. Así, mientras que el petróleo puede servir como protección ante la inflación, el oro puede resultar más útil frente a las caídas. Además, se muestran optimistas ya que la caída del oro refleja en el año la considera “un exceso cíclico más que la ruptura de una tendencia”. Aunque las expectativas de rentabilidad puedan ser más bajas a partir de ahora el oro goza de un “respaldo estructural para la diversificación de las reservas, la demanda de los bancos centrales, las entradas de dinero fresco en los ETF y la posible debilidad del dólar estadounidense”, indican.

Estos analistas sí ven decisivo el papel comprador de los bancos centrales, “teniendo en cuenta su tamaño relativamente pequeño, frente al de la deuda soberana estadounidense, el mercado del oro podría verse muy afectado por la dinámica de las reservas de los bancos centrales. Incluso un cambio marginal por parte de los principales tenedores de bonos, como China y Japón, podría provocar un impacto enorme”, concluyen.

Vuelve el dinero al oro

Claudio Wewel, estratega de divisas en J. Safra Sarasin Sustainable AM comienza explicando que en 2025 y principios de 2026, el metal precioso se vio favorecido por una sucesión de acontecimientos geopolíticos y por el aumento de los temores inflacionistas. Esto atrajo importantes flujos especulativos, a medida que los inversores trasladaban capital hacia el activo refugio por excelencia. Además, el repunte de los tipos reales y la apreciación del dólar desde el inicio de la guerra de Irán han actuado como importantes vientos en contra para el oro.

Auque somos conscientes de la dificultad de acertar a corto plazo, consideremos que el contexto favorable para el oro continúa intacto. Nuestro modelo de valor razonable a corto plazo apunta a que una moderada debilidad del dólar estadounidense y unos tipos reales algo más bajos permitirán que el oro se recupere hacia los 4.600 dólares antes de finales de año”, explica el experto de J. Safra Sarasin Sustainable.

La recuperación que ha experimentado el oro en el verano ha venido precedida de movimientos en sus flujos. En abril, mayo y junio, las compras de los bancos centrales sumaron en conjunto 289 de toneladas netas. Esta cifra supone el segundo trimestre más fuerte registrado, según el World Gold Council. Además, los fondos respaldados por oro captaron 3.000 millones de dólares en julio, cortando una racha de dos meses de salidas.

Javier Molina, analista de mercados para eToro explica que los tipos a largo plazo siguen tensionados pese a esa mejora de la inflación. “Eso devuelve importancia a la diversificación real y explica por qué activos menos correlacionados, como el oro, vuelven a tener sentido como parte de una cartera, especialmente cuando aumentan las dudas sobre deuda, tipos reales y estabilidad de los bonos.

Por su parte, el analista de XTB, Javier Cabrera, CFA considera que todavía no está nada clara la dirección que puede tomar el oro en los próximos meses y dependerá mucho del contexto macro, así como de la guerra en Oriente Medio. Y Arun Sai, estratega de multiactivos en Pictet AM, estima que sigue caro respecto a los últimos 20 años, pero puede ser atractivo a medio plazo ante tipos de interés reales menores en EE.UU. e incertidumbre geopolítica.

En el informe de Swisscanto sobre su estrategia de inversión apuntan que aunqueel nivel de los 4.000 dólares parece mantenerse pese al aumento de los tipos reales y al fortalecimiento del dólar estadounidense, “el análisis técnico sigue mostrando debilidad y esperamos una corrección hacia los 3.700 dólares”. Y añaden: “la tesis de inversión a medio plazo para el oro permanece intacta y el banco central de China ha reanudado sus compras estratégicas del metal. Estamos esperando un mejor punto de entrada para incrementar posiciones”, concluyen.

Jean-Marc Guillot, responsable de tesorería y director global de trading del Grupo Edmond de Rothschild ve, sin embargo, catalizadores para que el oro vuelve a sus máximos históricos. “El proceso de desdolarización de los bancos centrales sigue vigente, como así lo demuestra el aumento de las reservas del Banco de China desde principios de año y, en particular, en mayo de 2026. Por último, la entrada oficial del oro en las asignaciones estratégicas de las carteras y los fondos de inversión genera un efecto de demanda adicional y garantiza un apoyo a largo plazo. Seguimos anticipando una recuperación del precio del oro en torno a los 5.200 dólares por onza durante los próximos meses”, apuesta el experto de Grupo Edmond de Rothschild.

Y, por último, nuestro analista independiente Roberto Moro considera que mientras consiga mantenerse por encima de los 4.400 dólares y vaya rompiendo de forma cada vez más clara la secuencia de máximos decrecientes, tendremos una buena señal de que el lado correcto del mercado continúa siendo el alcista. Dentro de las oportunidades que ofrece actualmente el mercado, probablemente sea el activo que más me gusta, explica.