En el contexto actual la inversión en deuda privada es una opción interesante para muchos inversores aunque también tiene ciertas desventajas si no se sabe combinar adecuadamente con otros tipos de activos.


Por ello, UBP ha elaborado un documento con las claves para invertir correctamente en este tipo de activo. Olivier Debat, especialista senior de inversión de UBP, asegura que «la financiación de las empresas privadas -contrariamente a las que figuran en los mercados de valores- da lugar a muchas oportunidades para los inversores. En particular, las rentabilidades pueden ser atractivas en un momento de tipos de interés negativos o cero como en la actualidad. Hay que tener en mente que existen dos maneras de invertir en empresas privadas: el capital privado, que es el equivalente a comprar acciones en compañías cotizadas, y la deuda privada, que es el equivalente a comprar bonos». Así, la entidad suiza da cuatro aspectos a tener en cuenta a la hora de invertir en deuda privada para obtener las máximas rentabilidades:

1. Las rentabilidades de este tipo de inversión: varían en función de la antigüedad o seniority de la deuda, es decir, del orden de prelación de pago que ocuparía el inversor en el caso de una eventual suspensión de pagos. A lo largo de un ciclo de mercado, las rentabilidades de la deuda privada oscilan entre el 4% y 6% sobre el Libor para la deuda senior garantizada de primer grado (la más segura), entre el 6% y el 10% para la de segundo grado y entre el 10% y el 12% sobre el Libor para la deuda mezzanine, una financiación intermedia entre la deuda y el capital cuya estructura se adapta a las necesidades específicas de las compañías en las que se invierte. Pese a ser el tipo de menor rango, su rentabilidades son aún más altas que las de renta variable. 

2. Las características de este tipo de deuda: La deuda privada es de tipo flotante es decir, de corto plazo, y sus rendimientos están vinculados a las tasas de efectivo (generalmente Libor a 3 meses). Así, una compañía pagará Libor más un margen de crédito que refleje su perfil de riesgo. Esto es actualmente atractivo dada la tendencia al alza de los tipos por parte de la Fed. “Aquellos que tienen bonos de renta fija sufren pérdidas de capital si suben las tasas de interés, mientras que los titulares de deuda de tasas flotantes obtienen cupones si el Libor sube. Sin embargo, se requiere de cierta cautela ya que los aumentos de las tasas en Estados Unidos siguen teniendo algunas consecuencias negativas. Por ejemplo, en Suiza, dado que las rentabilidades tocaron fondo y empezaron a subir de nuevo en julio de 2016, los precios de los bonos del Tesoro suizo en francos suizos cayeron un 4,7% de promedio” asegura Debat.

3. La falta de liquidez: la deuda privada es menos líquida que la deuda pública. Así, puede ser semilíquida o tener poca o ninguna liquidez, dependiendo del tipo. La deuda senior garantizada de primer grado es principalmente semilíquida. Algunas de segundo grado son semi-líquidas mientras que algunas muestran poca o ninguna liquidez. La deuda mezzanine, por ejemplo, tiene poca o ninguna liquidez. Debat comenta que “los inversores en fondos de deuda privada corren el riesgo de no poder acceder a su dinero inmediatamente cuando quieren vender su inversión, en particular en un descenso del mercado”. Esto implica coordinar las inversiones en deuda privada con posiciones activamente gestionadas en los índices CDS. “Los índices CDS de alto rendimiento, por ejemplo, tienen un historial comprobado de alta liquidez en todas las condiciones del mercado, incluyendo en 2008” ratifica Olivier Debat.

4.Combinación de deuda pública y privada: con una mezcla de deuda pública y privada los inversores pueden acceder al mercado de deuda privada incluyendo su segmento mezzanine. Así, asegurarán un rendimiento atractivo con una exposición limitada a los movimientos de las tasas de interés y una mayor liquidez. Esto implica coordinar las inversiones en deuda privada con posiciones activamente gestionadas en los índices CDS. Olivier Debat asegura que “los índices CDS de alto rendimiento, por ejemplo, tienen un historial comprobado de alta liquidez en todas las condiciones del mercado, incluso en 2008. Por ejemplo, el índice SMI de acciones suizas cayó un 15% entre el inicio del año y mediados de febrero de 2016. Sin embargo, durante ese período, los volúmenes de negociación de los índices CDS estadounidenses y europeos de alto rendimiento subieron un 62% a 21.000 millones de dólares al día”.