Si dicha relativa resistencia de los mercados llega a confirmarse en el corto plazo, significaría que los impactos psicológicos de las elecciones en la economía real podrían ser limitados. Podemos seguir haciendo un paralelismo con el Brexit: éste no ha provocado el choque brutal en la economía que algunos temían, pues el PIB progresa un 0,5% en el tercer trimestre. Del mismo modo, la victoria de Donald Trump no debería impactar en el PIB americano en los dos o tres próximos trimestres
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Tampoco debería afectar a la reunión de la Fed del 14 de diciembre, siempre y cuando los mercados financieros continúen reaccionando con calma ante la noticia. En ausencia del pánico, los fundamentales económicos (incremento salarial, sólido mercado laboral) deberían hacer reaccionar al banco central. En el caso de que la coyuntura se mantenga igual, el ciclo alcista debería continuar e incluso podría acelerarse si los planes de reactivación presupuestaria mencionados por Donald Trump se concretizan en 2017.
 
¿Dudas sobre la independencia de la Fed?
 
La duda sobre una posible dimisión de Janet Yellen, recurrente tras el resultado de las elecciones, nos parece no tener fundamento. A pesar de que Donald Trump propició numerosos ataques durante su campaña, no hay ninguna razón para que no finalice su mandato que terminará a principios de 2018. Al contrario, ya que una dimisión en el contexto actual pondría en duda el principio de independencia de la Fed.
 
Sin embargo, la posibilidad de que renueve su mandato nos parece baja con Trump como presidente. Por otro lado, el alineamiento político entre la Casa Blanca y el congreso podría facilitar la nominación de dos gobernadores que faltan en el Board de la Fed.
Éstos podrían tener posiciones de «halcones*» y reequilibrar las fuerzas dentro del FOMC. Por lo tanto, la política monetaria podría volverse algo más restrictiva.
 
¿Hacia un cambio radical?
 
En cuanto a los cambios concretos que aportará esta nueva situación política, tendremos que estar atentos a las declaraciones de Donald Trump durante el periodo de transición antes de su investidura a finales de enero. A pesar de que el congreso es republicano, Trump no cuenta con el total apoyo: por lo tanto, el presidente deberá lidiar con una mayoría que no debería alejarse de las convicciones clásicas de los republicanos. El tono de su primer discurso ha sido muy conciliador y puede dejar entrever un reajuste tras una campaña muy agresiva.
 
Consecuencias para los mercados financieros
 
Sin embargo, esta elección puede acarrear consecuencias para los mercados financieros más allá de la reacción epidérmica de los primeros días. Un incremento de los déficits supondría un factor suplementario del alza de tipos. Del mismo modo, un encarecimiento de las importaciones en caso de un proteccionismo podría incrementar la inflación. El petróleo podría verse influenciado por la política del nuevo presidente en Oriente Medio. Los valores farmacéuticos podrían verse afectados por posibles cambios sobre el «Obamacare», mientras los bancos podrían beneficiarse de una regulación menos dura.
 
Los próximos meses deberían ir aportando los elementos necesarios para responder a estas preguntas antes de actuar. Las decisiones apresuradas podrían resultar muy perjudiciales.
 
La elección de Donald Trump, como el Brexit, se trata más bien de un acontecimiento político que de mercado. Salvo un cambio repentino de naturaleza imprevisible, los mercados deberían volver a prestar atención a otros temas con rapidez, directamente relacionados con la evolución a corto plazo: el crecimiento americano, el mercado laboral, los salarios y la inflación.