La consulta en junio en torno al Brexit es sin duda el factor de más incidencia en los mercados periféricos en las próximas semanas. Sin embargo, también las elecciones en España constituyen un factor importante, sobre todo para España. Al término de las elecciones del 26 de junio pueden darse varias hipótesis, con distinta repercusión en el mercado.
 
Existe un riesgo concreto de que las elecciones en España terminen en un callejón sin salida, puesto que las encuestas preliminares apuntan hacia resultados como los de diciembre de 2015. El acuerdo electoral alcanzado recientemente entre Podemos e Izquierda Unida no hará sino debilitar aún más la posición del PSOE. Existe un riesgo real de que los resultados de las elecciones no sean definitorios, lo que volvería a generar una incertidumbre política que pesaría sobre los rendimientos de los bonos españoles. La formación de un gobierno con un programa radical, y la marcha atrás de las reformas estructurales, también desencadenaría una importante reacción negativa del mercado.
 
Por otra parte, una clara mayoría, con un programa que no revirtiese las reformas estructurales iniciadas, significaría un gran apoyo para los diferenciales de la deuda española. España ha hecho ya esfuerzos económicos y fiscales importantes; un gobierno que continuara por esa vía sería visto con buenos ojos por los mercados. Por el momento, la falta de gobierno en España no ha repercutido mayormente en los mercados, gracias al programa de flexibilización cuantitativa del BCE que, probablemente, contendrá cualquier movimiento de importancia en las rentabilidades de los bonos. Sin embargo, un riesgo político a medio plazo tendrá cada vez más relevancia en los mercados españoles de renta fija, sobre todo cuando el BCE comience a plantear una estrategia de retirada de su programa de compra de activos.
 
El peor escenario
El supuesto que más presión ejercería en el rendimiento español es el de la formación de un gobierno con un programa radical que revirtiera las reformas estructurales. Los mercados financieros tienen una evidente preferencia por una situación que limite el riesgo de mayor desequilibrio fiscal, así como el riesgo de que el gobierno español desmantele algunas de las reformas estructurales (reformas del mercado laboral) decididas en los últimos años.
 
También supondría una reacción negativa del mercado el caso de un nuevo estancamiento político. No obstante, tal situación forzaría a los partidos principales a que formaran gobierno o no votaran en contra del gobierno que se formase (incluso en minoría), ya que los partidos principales carecerían de alicientes políticos para dirigirse a las urnas por tercera vez. Si se juntan unos resultados electorales negativos con una salida del Reino Unido de la Unión Europea, el nerviosismo en torno a los activos españoles sería aún mayor.
 
¿Comprar o vender deuda española?
Desde febrero estamos tomando una postura más prudente en mercados soberanos periféricos en general.
 
Estamos siendo ahora más defensivos también en España, porque creemos que tanto el Brexit como las elecciones españolas podrían traer consigo a corto plazo volatilidad y presión sobre la deuda soberana española, debido a la incertidumbre relacionada con ambos acontecimientos.
 

Podríamos aumentar nuestra exposición en caso de tendencia alcista en los rendimientos españoles, ya sea antes o después de estos acontecimientos, si bien tal decisión dependerá del resultado de estos hechos políticos. Si, por ejemplo, se produjera un Brexit, los inversores en general adoptarían una actitud más prudente hacia países periféricos, mientras que los inversores extranjeros podrían cuestionar sus inversiones en deuda soberana periférica denominada en euros, lo que incidiría claramente sobre los rendimientos españoles. En un entorno así, sería fundamental la reacción del BCE para reevaluar nuestra posición.
 
A corto plazo, el resultado electoral en España impulsará sin duda la volatilidad en los diferenciales españoles. Por otra parte, el programa de flexibilización cuantitativa seguirá siendo un amortiguador potente en 2016 y comienzos de 2017, pero dejará de ser suficiente a medio plazo si España no resuelve sus cuestiones estructurales: importante desempleo, especialmente entre jóvenes, y un déficit fiscal aún considerable. No creemos, de hecho, que España sea inmune a una prolongada incertidumbre política, aún más si se combina en 2017 con un menor respaldo del BCE.