La famosa NAIRU no está funcionando. La tasa de inflación no aceleradora de desempleo mide cómo impacta en la evolución de los precios el crecimiento del nivel de empleo
Y es que, como dice The Economist en un reportaje sobre Yellen, Draghi y compañía, la vida de los banqueros centrales es mucho más difícil de lo que solía ser en el pasado, cuando se aceptaba la famosa curva de Phillips, que relaciona empleo e inflación. Así, en un contexto de expansión de la economía, se reducía el paro y se aceleraba el incremento de los precios, con lo que las autoridades monetarias se volvían más restrictivas. En el caso contrario, con un frenazo de la economía los precios caían, y las políticas eran más expansivas.
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Sin embargo, la curva de Phillips no se cumple siempre en la realidad, y actualmente estamos ante un caso flagrante en este sentido. The Economist recuerda que en agosto de 2013, el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, dijo que la institución se plantearía endurecer su política cuando la tasa de desempleo cayera por debajo del 7%. Pero casi tres años después el paro está en el 5,1%, y la raquítica tasa de inflación del 0,3% ha impedido que se cumpla esta proyección.
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Esta correlación inversa, si es que en algún momento ha sido segura, parece haberse roto en los últimos tiempos. O, al menos, la famosa NAIRU no está funcionando. La tasa de inflación no aceleradora de desempleo mide cómo impacta en la evolución de los precios el crecimiento del nivel de empleo. Pero Paul Krugman ya ha mostrado que, en el caso de Estados Unidos y la Reserva Federal (Fed), la NAIRU apenas ha filtrado presión a los precios con la caída de la tasa de paro, que ha llegado hasta el 4,9%.
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¿POR QUÉ NO SE ELEVAN LOS PRECIOS A LA VEZ QUE CAE EL PARO?

O, preguntado de otra manera, ¿por qué ya no funciona la curva de Phillips? Lo primero que hay que tener en cuenta es que la inflación se puede medir de muchas formas. El Banco Central Europeo (BCE) utiliza como referencia el IPC, que mide el incremento de los precios de una cesta común de bienes y servicios. Sin embargo, este indicador estadístico está muy afectado por los precios de la energía, con lo que el desplome del petróleo impide que aumente con vigor, sin que necesariamente sea consecuencia de la evolución de la economía.
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Pero más allá del inciso con las materias primas, está claro que aunque no tan débil, la inflación subyacente (que no tiene en cuenta el factor energía) tampoco se acerca al objetivo del 2% que tienen los principales bancos centrales de Occidente. The Economist explica en este sentido que no sólo hay que tener en cuenta la tasa de paro como indicativo de la salud del mercado laboral, sino también la tasa de activad. En Estados Unidos, por ejemplo, ha caído desde un máximo del 67% en el año 2000 hasta un 62,9% en la actualidad.
Esto quiere decir que el factor trabajo está infrautilizado, una expresión que usa mucho la Fed. Es decir, millones de estadounidenses en edad de trabajar no están en el mercado laboral. Esto provoca un doble efecto. Por una parte no presionan al alza los salarios, por otra, el hecho de que los salarios no aumenten desincentiva que muchos de estos estadounidenses regresen al mercado de trabajo. Y lo mismo ocurre en otras muchas economías que se han recuperado tímidamente después de la crisis financiera.
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El FMI prevé un rebote del crecimiento mundial del 5,2% en 2021 y del 4,2% para 2022. Según sus estimaciones, el PIB de las economías avanzadas se elevaría un 3,9% el próximo año y un 2,9% en 2022 y, dentro de éste, la zona euro repuntaría un 5,2% y un 3,1% en línea con lo que haría EEUU. No se puede prever con exactitud si los crecimientos del próximo año rondarán estas cifras, pero traerán consecuencias.

Los movimientos corporativos, la evolución de las divisas y las politicas de los bancos centrales moverán y mucho los mercados, ya que los inversores institucionales van a rotar carteras hacia sectores con más potencial y menos riesgo.

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