Las tensiones en el mercado español no cesan. La desconfianza crece a pasos agigantados y el dinero se marcha…o no llega. El gobierno reconoce mayores dificultades a la hora de colocar letras a 12 y 18 meses. Unas subastas muy negativas y que parecen adelantar lo peor. España tiene vencimientos por más de 200.000 millones de euros que nos pueden poner en un gran aprieto.
Ya se presagiaba lo peor cuando S&P redujo la calificación crediticia de la deuda española. De AA+ a AA con perspectiva negativa. La agencia admitía que la recuperación económica no llega – con un déficit público que difícilmente llegará al 3% en 2013- y un paro que podría rozar el 21% a final de año. Fueron palabras duras…y los mercados no tardaron en castigar a todo lo que oliera a España: deuda, renta variable y confianza. Tan sólo una semana después de que el gobierno español anunciara las medidas para conseguir encauzar el déficit, vuelven las dudas sobre la economía española.

Y es que ayer sufrimos las primeras consecuencias de la rebaja de calificación: dificultad para colocar letras a 12 y 18 meses por un total de 6.435 millones de euros, por debajo de los 6.5500-7.500 millones previstos por el Tesoro Público. Una subasta “floja!” según indicó el Ministerio de la Presidencia del Gobierno. Algo que “no sorprende dadas las circunstancias del mercado (…) y que ha hecho oportuno no adjudicar más deuda, ya que los ratios de cobertura han estado por debajo de las subastas de meses anteriores”.

Sara Pérez Frutos, directora general de Dracon Partners admite que “podemos llegara una situación realmente fea si los mercados internacionales no compran deuda”. Esta experta reconoce que hay vencimientos de más de 200.000 millones de euros “que nos pueden poner en un gran aprieto si no se colocan…de ahí la importancia de transmitir confianza a los inversores”. Una muestra de estas tensiones es que, por primera vez en la historia, la rentabilidad de las letras a 12 meses ha superado al euríbor al mismo plazo. Es decir, los inversores prestan dinero al estado a una rentabilidad mayor que se piden los bancos para darse créditos entre sí en el mercado interbancario. La situación pinta mal.