Los mercados de renta variable han esbozado una tímida reactivación desde principios de junio. Los operadores alimentan la esperanza de una inminente intervención de los principales bancos centrales.
 Parecen darse todas las condiciones: la amenaza inflacionista se ha disipado gracias al reflujo del precio del oro negro, las noticias económicas siguen preocupando, y los riesgos sistémicos están más presentes que nunca. En efecto, el tipo a 10 años de España ha alcanzado una nueva máxima desde la creación de la zona euro, rozando el 7% y ampliando el diferencial con Alemania hasta una distancia récord, tras la rebaja en tres niveles de la calificación del país por la agencia de calificación Moody's. La victoria por los pelos de los conservadores de Nueva Democracia en las elecciones legislativas en Grecia ha sido acogida con alivio por los dirigentes europeos. Aunque los mercados la han celebrado brevemente, la noticia no ha acabado de tranquilizar a los actores del mercado. No se dejan llevar a engaño, pues saben que los griegos pedirán una renegociación del plan de austeridad, y los temores de contagio a los demás países del sur seguirán presentes.

Estas últimas semanas se han observado fuertes fluctuaciones sectoriales. Los operadores se han vuelto hacia lo títulos defensivos primero y cíclicos después, al son del flujo de noticias económicas o políticas. El temor a quedar al margen de un posible rebote técnico sobre el fondo de la victoria de los conservadores en Grecia ha llevado a los operadores a reincorporar cierta proporción de riesgos en sus carteras. Gracias a ello, el sector bancario ha recuperado bastante terreno durante las últimas semanas. Concretamente, le ha favorecido la recapitalización de los bancos españoles, así como un posible proyecto de Unión Bancaria defendido por Mario Draghi, que permitiría pasar de una supervisión nacional a una supervisión europea de las instituciones bancarias, así como a una intervención directa del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MES) en los bancos.

La política de “parches” ya no basta. Es hora de afrontar los problemas de fondo (unión bancaria, integración fiscal, eurobonos). Mientras no se restaure la confianza en la zona euro, seguirán los altibajos en los mercados. Todavía no es hora de ser temerarios, de modo que conservamos nuestro sesgo prudente a la hora de invertir.