2011 nos deja un balance ciertamente negativo. Lejos de reducir los focos de riesgo, éstos han incrementado. No hay duda de que el protagonismo del 2.011 se lo llevó la periferia euro y el sistema financiero europeo, pero lo cierto es que las tensiones europeas no fueron exclusivas y durante el ejercicio hubo importantes focos de tensión; desaceleración del crecimiento mundial, elevados e inconsistentes niveles de déficit de las primeras potencias (Reino Unido y EEUU), conflictos geopolíticos en Oriente Medio, el desastre natural de Japón, elevada inflación en algunos emergentes…

En referencia a Europa, destacamos la reiterada dificultad de las autoridades políticas para alcanzar acuerdo sobre medidas de calado. De hecho, pese que en enero de 2.011 ya se barajaba la posibilidad de flexibilizar el EFSF, concluido el ejercicio sigue sin clarificarse cómo se materializará esa flexibilización (importe y funcionalidad). Es precisamente esta lentitud en la toma de decisiones, esa falta de activismo, la que ha alimentado la desconfianza y la que ha propiciado que los inversores extranjeros detengan sus apoyos. Así, sin medidas concretas y ambiciosas desde la propia Europa y sin apoyos desde los inversores internacionales, Europa y su sistema financiero, quedaron con la única ayuda del BCE (compras de bonos, rebaja tipos, liquidez ilimitada, ampliación de colaterales…). Una ayuda que ha sido fundamental pero que a tenor de la gravedad y alcance de la crisis, resultó insuficiente para impedir que la crisis de deuda en Europa fuese avanzando desde unos pocos países periféricos hacia países cada vez más grandes; alcanzando incluso a los países del núcleo fuerte. Con todo, los países han sufrido un encarecimiento histórico del coste de financiación y una desconfianza que nos han dejado bien visible las primas de riesgos de los países más afectados y las reiteradas advertencias, revisiones y rebajas que han acometido las agencias de análisis y calificación de riesgos sobre Europa y su sistema financiero. Pese que 2.011 concluye con el alivio que han supuesto las medidas anunciadas por el BCE, si esas medidas que esperamos en los últimos meses de 2.011 siguen sin llegar, esperamos ver nuevos capítulos de inestabilidad, nuevas ampliaciones de las curva de tipos de países como Italia, España, Bélgica… y ¿Francia? Prestaremos mucha atención a este país a sus objetivos de crecimiento y déficit y a las decisiones que tomen las agencias de análisis y calificación de riesgos.

El otro elemento preocupante con el que afrontamos el ejercicio 2.012, está relacionado con la pérdida de pulso de la economía mundial. El inexistente margen de maniobra de las economías desarrolladas ha dejado evidencia de que las economías desarrolladas siguen demasiado débiles para crecer por sí mismas (elevados niveles de paro, mercado de la vivienda deprimido, bajo crecimiento económico) pero los niveles de déficit-deuda alcanzados como resultado de los excesos del pasado, impiden que se sigan implementando nuevos estímulos. Con todo, las previsiones de crecimiento mundial se han ido moderando desde 4,4% para 2.011 y 4,5% para 2.012 hasta 4% para ambos ejercicios. Aún así, la dificultad para detener la crisis de deuda en Europa, el inexistente margen de maniobra de las economías desarrolladas y los riesgos crecientes de sobrecalentamiento en las economías emergentes, nos hacen ser extremadamente prudentes y no nos sorprenderían nuevas rebajas de revisiones.

Así, el escenario de fondo con el que arranca el 2.012 está definido por unas economías desarrolladas que pese contar con bajos tipos de interés, no consiguen más que un agónico crecimiento. Un crecimiento que lamentablemente comparte protagonismo con elevados niveles de déficit-deuda y que por tanto podría ser nulo a tenor de los importantes esfuerzos de consolidación fiscal que se verán obligados a acometer los países. ¿Puede repetirse la historia de la crisis de deuda que está viviendo Europa, en Reino Unido o EEUU? Los riesgos son importantes y evidentes; la clave, las agencias de análisis y calificación de riesgos. En la medida que miren a otro lado (Europa) y eviten realizar advertencias y revisiones, los riesgos no se materializarán en castigo. Aunque en una dimensión mucho mayor, si hiciésemos un paralelismo con la crisis financiera de 2.008, podríamos decir que Europa estaría interpretando el papel de Lehman y Reino Unido – EEUU, serían las protegidas Goldman Sachs y Morgan Stanley. ¿Conseguirán evitar lo peor como bien hicieron los bancos de inversión? ¿Es posible contar con el beneplácito de las agencias e inversores infinitamente, cuando datos económicos y fiscales evidencian una realidad poco alentadora?

Con todo, en la medida que las autoridades políticas no sean capaces de acordar y materializar medidas de calado que permitan recuperar la estabilidad y en la medida que las agencias de análisis y calificación de riesgos sigan centrando toda su atención en Europa, esperamos ver castigos adicionales en el euro. Tras un ejercicio 2.011 en el que hemos asistido a un viaje de ida y vuelta, pensamos que 2.012 podría ser el escenario en el que el cruce de continuidad al movimiento bajista iniciado en julio de 2.008. Un movimiento bajista, que de tener continuidad en el medio plazo, confirmaría la finalización de un mercado alcista de 8 años de duración. En el siguiente gráfico mensual del euro, podemos observar el citado mercado alcista de 8 años y también el movimiento bajista que se inició en julio de 2.008. Un movimiento bajista que permanecerá activo en la medida que el euro no supere la resistencia de los 1,4450 y que cuenta con objetivos bajistas en los 1,2150 e incluso niveles muy inferiores.