En primer lugar y sin ninguna duda la razón fundamental que nos lleva a jugar la historia del crecimiento emergente a través de los convertibles es la convexidad. Se trata de unos activos que son capaces de capturar y beneficiarse de los “rallies” bursátiles al mismo tiempo que su componente de renta fija compensa las caídas en los escenarios bajistas.

 En efecto, existen algunos estudios que demuestran que el comportamiento de las acciones y de los convertibles es bastante similar en las economías emergentes con la diferencia de que la volatilidad en los segundos es muy inferior.

En segunda instancia, las valoraciones son otro de los motivos fundamentales para considerar la inversión en bonos convertibles de mercados emergentes. Mientras que en Estados Unidos estos activos han mantenido un precio estable, en los emergentes han registrado unas caídas importantes, en especial en el último trimestre de 2011. A su vez, esta nueva realidad ha despertado el interés de los inversores, hablamos por ejemplo de hedge funds, que en su día habían vendido estos activos y que ahora los están incorporando a sus carteras otra vez. A día de hoy, el universo emergente supone el 20% del total –unos 100.000 millones de dólares-, cifra similar a la de Europa, pero sin embargo; se estima que el 40% de los nuevos bonos emitidos en los dos últimos años procedían de economías emergentes.

Por último, las perspectivas macroeconómicas auguran un buen año para las bolsas emergentes en 2012. Es cierto que no cabe esperar una diferencia sustancial en la rentabilidad entre ambos mundos, aunque todo parece apuntar a que serán los emergentes quienes lo harán mejor. A diferencia de 2011, estas regiones han conseguido controlar sus tasas de inflación y ahora están centradas en favorecer el consumo interno como vía para alimentar el crecimiento. En definitiva, queda margen de maniobra para establecer políticas monetarias más laxas y la renta variable no vivirá la misma situación que en 2011.