Estos días es frecuente la pregunta sobre qué podemos esperar de la cumbre del domingo, tanto referido a la propia solución a la crisis de deuda como al plan de recapitalización bancaria. Aunque no espero que lo que se acuerde el día 23 vaya a resolver el problema de fondo ni mucho menos la situación económica, la expectativa del mercado al respecto es optimista y podría haber sorpresas positivas.

Sin embargo, aunque la mejor noticia sería un itinerario y calendario detallados para configurar la emisión de eurobonos en el futuro, posibilidad de la que por el momento podemos olvidarnos, o el adelanto de la puesta en marcha del ESM a mediados de 2012 frente a la fecha prevista actual (mitad de 2013), parece que tendremos que conformarnos con algo orientado a lo que los europeos sabemos hacer muy bien, que es ganar tiempo y pedir nuevamente un margen de confianza al mercado, dejando para más adelante lo que realmente importa, y eso es algo que se puede conseguir básicamente incrementando la capacidad del EFSF mediante su apalancamiento, lo que podemos pensar que se anunciará en la cumbre europea.

Al respecto podemos cifrar el apalancamiento del EFSF en una cantidad de al menos el billón de euros, cantidad que resultaría suficientemente holgada como para contener el riesgo de contagio a España e Italia, al tiempo que es asumible por los europeos sin comprometer en el corto plazo la calificación crediticia de Francia y de la propia Alemania. Para enmarcar la cifra, por ejemplo, las necesidades de financiación de España e Italia hasta mediados de 2013 (fecha prevista para la puesta en marcha del ESM, mecanismo con base de capital propio que relevaría las tareas del EFSF, con capacidad no solamente de garantizar emisiones sino también de adquirir deuda) ascienden a unos 830.000 millones de euros, cantidad cuyas emisiones podrían ser garantizadas por el EFSF apalancado.

En cuanto a la otra cifra que se ha barajado estos días próxima a los dos billones de euros, solamente es alcanzable con la participación del BCE (altamente improbable dada la oposición de Alemania) o del FMI, algo que podría suceder en el futuro, pero no para este fin de semana por el desarrollo de los acontecimientos y las todavía importantes diferencias dentro de la propia Eurozona.

Otras cifras, como las estimaciones que puedan hacerse sobre las necesidades de recapitalización de la banca, razonablemente en el entorno de los 100.000 millones de euros en función de los criterios de solvencia requerida y entidades examinadas, pueden ser incluso revisadas a la baja si se incorpora el criterio de incluir en las valoraciones los beneficios latentes de la banca con los bonos alemanes y británicos sobre todo, lo que reduciría su riesgo sobre el papel y mejoraría la posición de bancos británicos y alemanes. De tomarse dicho criterio, al margen de su redí olidas, podría maquillarse la necesidad de recapitalización de la banca europea a la baja hasta los 80.000 millones de euros, resultando entonces que los importes principales a tener en cuenta para el cálculo del volumen de recapitalización resultante estaría en los grandes bancos de España, Italia y Francia, que representan una cifra próxima al 50% del total.

Lo realmente relevante en la cumbre del día 23 y a lo que debemos estar atentos es por lo tanto el tamaño del EFSF, en función de cuyo apalancamiento podremos cifrar el éxito o no del encuentro, determinante más que nunca para España y nuestros dos grandes bancos, BBVA y Santander.