La firma de alimentación Parmalat vendió a los inversores obligaciones que estaban en manos de los bancos en los doce meses que precedieron a la quiebra del grupo. La prueba de esta venta se encuentra en un documento, inédito hasta ahora, remitido por el Banco Central de Italia a la Fiscalía de Parma el 17 de noviembre de 2005, cerca de un mes antes de la dimisión del gobernador, Antonio Fazio.
El Banco Central informa, en el documento, sobre la posición de Citibank, Intesa, BNL, Capitalia, San Paolo-Imi, Banca Popolare de Milano, Banca Popolare Italiana, Deutsche Bank, Monte dei Paschi di Siena y Unicredito Italiano, alguno de los grupos más expuestos en relación a Parmalat. A 31 de enero de 2000, esos bancos tenían una cartera de obligaciones de Parmalat (y otros productos financieros de sociedad del grupo) por un total de 179,6 millones de euros, según la información del diario. Esa cifra apenas varió en los meses siguientes, con excepción del 31 de octubre del 2000, cuando alcanzó los 200 millones, cantidad que volvió a repetirse el 28 de febrero de 2001. El 31 de diciembre de 2002 llegó a los 229 millones de euros, pero en 2003 se entra en el último año de vida de la antigua Parmalat y desde ese momento los bancos empiezan a deshacerse de la cartera de obligaciones de forma sistemática, hasta dejarla en los treinta millones de euros. Parmalat fue declarada en bancarrota en diciembre de 2003 tras descubrirse un "agujero" financiero de 14.500 millones de euros, y su quiebra afectó a unos 32.000 inversores.