Las sicavs españolas no pasan por su mejor momento. Las sociedades de inversión de capital variable siguen en el foco de algunos partidos políticos, pero tampoco les va bien a nivel operativo. En lo que va de año sólo dos de las 23 sicavs con más de 500 partícipes consiguen rentabilidad y en los últimos doce meses dos tercios de ellas pierden dinero, según los datos recogidos por la firma de análisis Morningstar.

Estos vehículos de inversión necesitan al menos 100 socios y un capital mínimo de 2,4 millones de euros con el objetivo de acogerse al régimen fiscal del que gozan: tributan un 1% por sus beneficios, pese a que los rendimientos y dividendos de los participantes deben tributar al tipo que les corresponda según lo obtenido. 

Pese a que hay muchas más, sólo existen 23 sicavs con más de 500 partícipes, por lo que son traspasables como cualquier fondo de inversión, con el correspondiente diferimiento fiscal mientras no se produzca su venta. La mejor entre estas en 2018 es Smart Social Sicav, que consigue un retorno del 4,2% y cerró marzo con un alza del 2,7%.

Según apunta el broker GPM Asset Management, la sicav utiliza “estrategias de arbitraje, cobertura o tendenciales dependiendo de la situación del mercado. La estrategia goza de gran flexibilidad pudiendo mantener una exposición a renta variable comprendida entre el 0% y 100%, utilizando futuros y acciones”. Cuenta con un patrimonio de 29,6 millones de euros y 1.906 partícipes.

Otra ‘gran’ sicav que destaca entre las 23 es Lierde Sicav, que se anota una revalorización del 8% en los últimos doce meses, la más alta entre sus comparables. El vehículo que comercializa Augustus Capital cuenta con una trayectoria de 24 años y según su propia página web “la revalorización obtenida a lo largo de estos años supera el 1.767% frente al 468% del índice Stoxx 600,con una rentabilidad media anual del 16% frente al 9,5% del índice”.

La filosofía de Lierde es la apuesta por compañías de calidad, bajo apalancamiento, industrias en fase de consolidación y compañías con retornos inferiores a sus PER (ratio precio-beneficio) pero con un catalizador a corto plazo que posibilite incrementar el retorno sobre el capital empleado a los niveles de su industria.

Lierde es la tercera sicav por patrimonio en España con 375,2 millones de euros, sólo por detrás de Torrenova Inversiones que cuenta con 1.397,7 millones y Cartera Bellver con 590,9 millones de euros, ambas gestionadas por la gestora de Banca March. Lierde nació bajo la estructura de Banco Urquijo (Sabadell) para gestionar el patrimonio de la familia Alierta, el expresidente de Telefónica.  

Entre las que peor comportamiento tienen se encuentra Ajram Capital Sicav, gestionada por el televisivo triatleta y escritor Josef Ajram, que pierde un 17,5% de su patrimonio en los últimos doce meses, lo que le convierte en el peor fondo de su categoría.

Entre las 23 sicavs con más de 500 partícipes no se encuentran algunas sicavs conocidas como Morinvest, en la que tiene parte de su patrimonio la empresaria Alicia Koplowitz, Swift Inversiones en la que invierte la familia Del Pino -propietarios de Ferrovial-, Cartera Mobiliaria, que ha gestionado tradicionalmente el patrimonio de los Botín o Soandres Activos, de Sandra Ortega, hija de Amancio Ortega.

Cae el número de sicavs en 2017

A cierre de 2017 el número de sicavs se situó en 2.820, lo que supone el cierre de 370 sicavs a lo largo del año, según consta en las ‘Estadísticas de Instituciones de Inversión Colectiva' publicadas por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) el pasado viernes.

La caída porcentual en el número de estas sociedades fue del 11,6% y a nivel patrimonial también redujeron su capital un 2,1% hasta los 31.424,6 millones de euros. Mientras, el número de accionistas bajó un 7,6%, con lo que pasó de 456.080 al cierre de 2016 a 421.273 al final de 2017.

En los últimos años el foco mediático y político se ha situado sobre estas sociedades lo que ha generado que muchos inversores hayan percibido con las sicavs cierta inseguridad jurídica. Los principales partidos políticos llevaban a las elecciones generales propuestas para modificar su régimen fiscal, y Podemos apostó porque dejasen de tributar al 1% y su “tributación se equiparará al impuesto de Patrimonio, además de aplicar el tipo máximo contemplado por dicho impuesto”.