La incógnita del oro sigue dando pasos dignos de analizar detenidamente. La pasada semana el metal precioso experimentó su mayor remontada desde 2011. El precio del metal se situó en 1.294 dólares, lo que suponía un avance del 5,4% en el cómputo semanal.

 


Fue una subida considerable cuya respuesta bien puede entenderse tras la intervención de Ben Bernanke. El presidente de la reserva federal americana había indicado días atrás que la política monetaria de Estados Unidos tenía que ser más “acomodaticia para el futuro previsible”.

Estas palabras sirvieron como una buena catapulta para los inversores y provocó de nuevo un sentimiento positivo en el oro, incrementando su precio con celeridad, después de la tendencia claramente bajista que ha sufrido a partir del mes de octubre.

"Los comentarios de Bernanke otorgaron un sentimiento positivo hacia el oro y en el resto de las materias primas", argumentó Dan Denbow, gestor de fondos de USAA Precious Metals & Minerals en San Antonio. " La FED ha estado trabajando duro para demostrar que la retirada de una parte de su programa de compra de bonos no implica la eliminación de la política acomodaticia que ha protagonizado y Bernanke fue muy firme en eso. Lo que si ha habido ha sido un cierto cambio en el discurso” apuntó el gestor.

Los expertos creen que los inversores que la semana pasada compraron oro interpretaron que el mensaje de Ben Bernanke se refería meramente a un cambio en la política de tipos de interés a corto plazo y no en el resto de medidas que han caracterizado al Banco Central en los últimos años. Esto explicaría el apetito por estos metales en los últimos días.

China como esperanza

Uno de los factores que hacen pensar que el precio del metal puede sostenerse en precios similares a los de la actualidad en un futuro está en el mercado chino. El gigante asiático informó la semana pasada que las exportaciones netas de oro a China ascendieron de 80 toneladas en abril a prácticamente 109 toneladas en el mes de mayo.

Los analistas señalan que se trata de una demanda sin precedentes y de continuar así tendría un impacto absolutamente directo en el precio del oro en los mercados. De hecho, tanto es así que se espera que China importe alrededor de 1.000 toneladas de oro durante este año. Sumando a las 400 toneladas de producción nacional le harán ser el mayor país consumidor de oro del mundo. Sin duda, un halo de luz para el angosto túnel en el que se había metido durante las últimas fechas dicho metal precioso.

Evolución a la baja

La evolución del oro en lo que va de año ha sido muy negativa de cara a los inversores. Por eso este cambio de tendencia se ve con cierto grado de optimismo. Desde el mes de enero el metal precioso ha caído más de un 20%.
Desde octubre de 2011, su precio en el mercado había comenzado una cuesta abajo sin frenos. Cambió la tendencia después de revalorizarse en más del 90% en menos de dos años, alcanzando su máximo histórico en casi 2.000 dólares por onza.



Asimismo, el contraste entre el descenso del precio del metal y el ascenso del índice Standard & Poor’s en el mercado americano es relevante. Desde comienzos de 2013 el índice se ha situado en máximos históricos y, como contrapartida, el precio del oro ha sufrido un descenso importante.



Incertidumbre a largo plazo

En contraposición a las tesis optimistas surge el discurso que realizan muchos analistas que consideran que, en un futuro más lejano el precio podría caer hasta 500 dólares. Así lo considera Campbell Harvey de la Universidad de Duke, según recoge la CNBC.

"En este momento estamos muy por encima de la media histórica", argumentó Harvey que considera que el precio del metal dorado debe corregirse hasta alcanzar 800 dólares la onza.

"Si se mira históricamente, no sólo tiene que ir a la media y permanecer allí. Realmente atraviesa y desciende por debajo, y luego vuelve a subir", dijo. "Puede que no sea mañana", añadió Campbell, pero "los ciclos son de 10 a 15 años, y estamos en uno de estos ciclos."