Hoy comienza en el Hotel Hilton Tower Bridge de Londres la 21ª edición del International Payments Summit, un encuentro en el que son tradicionales las ponencias de organizaciones como la Universidad de Lausana, Roche, Merck, Wells Fargo, Citi o Deutsche Bank.

En esta ocasión, y más concretamente en la agenda del día 11 esta programada la intervención de Tony Gallippi, CEO de BitPay, quien pronunciará su ponencia sobre la divisa virtual BitCoin, sobre la que tanto se viene debatiendo recientemente (en España sin ir más lejos con posturas claramente enfrentadas entre Juan Ramón Ralló y Xavier Sala i Martín) y a la cual corresponde el gráfico adjunto, que refleja su cotización frente al dólar durante los últimos meses, siendo si consideramos BitCoin un activo financiero el que más se ha revalorizado en los últimos meses.

No deja de resultar paradójico que, poco a poco, vaya teniendo entrada en foros tradicionales una divisa que es abanderada por un conglomerado de freaks, geeks, traders, libertarios, timadores, comerciantes, programadores y anarquistas que basan la defensa de BitCoin en su desconfianza de la regulación estatal, bancos centrales y políticas monetarias, terreno oportunamente abonado por la crisis de Chipre y su "corralito".

Aunque existen experiencias previas de monedas electrónicas, como las desarrolladas por Facebook, Second Life o World of Warcraft, éstas tienen un uso limitado a sus propios entornos o aplicaciones y están respaldadas y reguladas por las empresas que las distribuyen, precisamente en el ámbito de su aplicación. A diferencia de BitCoin, que ha adquirido dimensión internacional y que a través de sitios como MyBitCoin, Mt Gox, CoinLab o BlockChain, puede negociarse y permite realizar pagos directos, instantáneos, no supervisados por ningún gobierno, sin intervención bancaria, y anónimos a cualquier punto del planeta, pudiendo además cambiarse a las principales divisas tradicionales.

Esto es posible porque BitCoin está concebida precisamente como una divisa libre e independiente del poder establecido, permitiendo transacciones directas entre sus poseedores al margen de cualquier normativa, impuesto o supervisión. Las BitCoins son un código electrónico que puede ser convertido a cualquier otra divisa en dichas plataformas. Ideal para hacer transferencias internacionales sin coste o para sacar dinero de Chipre sin que un corralito atrape las BitCoins. También para mover capitales de dudoso origen relacionados con actividades ilícitas, fraudulentas y de lavado de dinero.

Burbuja, incluso fraude piramidal para unos, el futuro de una economía libre de mercado para otros, lo cierto es que BitCoin no es la panacea que algunos idealmente presentan. A modo de ejemplo y antes que que se lancen a adquirir y especular la divisa electrónica de moda, tomen nota de que el sitio MyBitCoin mencionado hace unas líneas resultó ser una estafa, y no es la excepción, destapada en 2011 por cierto coincidiendo en el tiempo con el robo a un usuario de BitCoins por valor de 500.000 dólares: olvidó su ordenador encendido por la noche y un hacker le robó las claves de su cuenta de BitCoins, sin que quedara registro alguno ni banco o juez al que acudir a reclamar. Porque precisamente de esto se trata BitCoin: no existe trazabilidad personal y los pagos son difíciles de rastrear en un entorno de absoluto anonimato.

En el mejor de los casos nos encontramos ante una fiebre de tulipanes que se ha cruzado en mitad de un novedoso y exitoso medio de pago electrónico. En el peor de los escenarios estaríamos hablando de una burbuja, incluso una estafa con no pocas similitudes con el timo de los sellos de Afinsa y Forum Filatélico que en España se llevó por delante los ahorros de 16.000 afectados. Si hoy puede parecernos sorprendente que tanta gente decidiera guardar sus ahorros en "estampitas", no menos sorprendente debería resultarnos que el mismo comportamiento se esté desarrollando en torno a la moneda electrónica BitCoin.

Esto es así porque incluso se desconoce la identidad del creador de BitCoin, de quien solamente se sabe el pseudónimo (Satoshi Nakamoto) que utilizaba cuando lanzó Bitcoin en 2009 y del que no se ha vuelto a saber nada desde que desapareció 2010 dejando tras de sí el algoritmo que crea BitCoin y permite las transacciones. No deja de ser llamativo que alguien pueda desconfiar de un banco central para utilizar monedas como el euro, el dólar o la libra esterlina, pero decida confiar en un pseudónimo de internet para convertir sus ahorros en algo llamado BitCoin. Parece de película, pero no lo es: el valor de las BitCoins en circulación ha superado recientemente los 1.500 millones de dólares y cada día se negocia el equivalente a 20 millones de dólares en operaciones de trading de tipo especulativo, cifra anecdótica en comparación con el volumen diario del mercado forex, en el que cotizan el resto de divisas y que tiene un tamaño 200.000 veces mayor, pero sin duda significativo teniendo en cuenta que se trata de una divisa electrónica sin ningún tioo respaldo.

Burbuja o proyecto visionario lo cierto es que al calor de la revalorización de BitCoin se ha convertido en el juguete de especulación preferido de no pocos inversores de poca monta y empleados de algunas casas de análisis. Si se trata de una burbuja o no, es en cualquier caso irrelevante para la actual estabilidad financiera y constituye en todo caso un riesgo y amenaza individual para quienes se exponen a navegar en aguas plagadas de piratas y oportunistas que encuentran incentivos al fraude en territorio no regulado y sin mayor respaldo que la propia demanda creciente de la divisa, estrechamente correlacionada con el interés mediático que adquirió con el caso de Silk Road y el tráfico de drogas, o más recientemente como vía de escape al corralito de Chipre y que ha llevado a BitCoin a las páginas de Forbes o del Financial Times.

BitCoin es por lo tanto un explosivo juego de especulación con tintes de negocio turbio, pero también un medio de pago cada vez más utilizado para transacciones legítimas cotidianas, que será la temática que seguramente centrará la intervención del CEO de BitPay, que es la empresa proveedora de servicios de pago especializada en comercio electrónico y transacciones B2B con BitCoin. Transacciones legítimas en BitCoins que BitPay ha integrado, como alternativa a otras soluciones como PayPal, con la plataforma de Amazon FBA (Fulfillment-by-Amazon) para su aceptación en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y España; así como en plataformas de comercio que utilizan tecnología WordPress, WooCommerce, Magento y Virtuemart.

En el mes de marzo BitPay ha procesado 5100 transacciones de venta en BitCoins por importe de 5,2 millones de dólares (2300 transacciones en febrero, por importe de 687.000 dólares; en todo el año 2012 una cifra agregada de 3 millones de dólares, lo que Dª una idea del crecimiento del uso de BitCoins como medio de pago), ascendiendo el número de comercios asociados a nivel mundial que aceptan BitCoins a un total de 4.500 establecimientos. BitPay manifiesta que no se ha dado ningún caso de fraude en sus transacciones, lo que de ser cierto contrasta sin duda con el ratio habitual de operaciones fraudulentas en pagos con tarjeta de crédito en comercio electrónico, que se sitúa en 1/167 en operaciones nacionales y 1/50 en operaciones internacionales según el informe Cybersource 2012 Online Fraud Report. El éxito de BitCoin ha motivado incluso el lanzamiento de un fondo de inversión en BitCoins (Exante Bitcoin Fund, registrado por Exante en Malta con el número de registro de licencia IS52182 de la MFSA Malta Financial Services Authority) o la edición de una revista propia, BitCoin Magazine al estilo de las publicaciones editadas por la Iglesia de la Cienciología. Después de todo nos encontramos ante un acto de fe...

Situaciones como la desatada por la locura de BitCoin requieren en cualquier caso de una especial responsabilidad y prudencia de quienes tienen la posibilidad de manifestar su opinión públicamente al respecto, al margen incluso de su valoración personal, en tanto que pudieran sin quererlo estar empujando a miles de ahorradores hacia una burbuja o incluso hacia una estafa piramidal. Del mismo modo que no le aconsejaría a nadie guardar un millón de euros en el jardín bajo una mata de tomates, tampoco le aconsejaría a nadie arriesgar millones de euros a un código que puede ser hackeado en su su ordenador y hacerlo desaparecer sin conocer la identidad del ladrón. Es incluso cuestionable que BitCoin pueda prosperar como divisa más allá de su condición de vehículo de especulación, e incluso como medio de pago si no se solventa el problema que lleva aparejado su componente especulativo y pueda lograr la necesaria estabilidad que dote de certidumbre al precio de los productos cuyas transacciones se denominen en BitCoins.