La Comisión independiente para la banca de Reino Unido (ICB, en sus siglas en inglés), auspiciada por el gobierno británico, ha publicado el esperado informe sobre la reestructuración del sector bancario. Tal y como se preveía, recomienda a las entidades que separen las actividades comerciales y de inversión.

Según indica, las reformas que tendrán que ponerse en marcha tendrán un coste anual de entre 4.000 y 7.000 millones de libras (4663 y 8.160 millones de euros), de los que los "costes sociales" supondrán entre 1.000 y 3.000 millones de libras.

De seguir las directrices propuestas por la Comisión, los bancos británicos tendrán que separar el área de inversión de la de banca minorista, con lo que se pretende salvaguardar a los clientes privados y a los contribuyentes de verse perjudicados -de nuevo- por la crisis financiera.
La reacción del sector

El consejero ejecutivo del Royal Bank of Scotland, Stephen Hester, o el del HSBC, Stuart Gulliver, argumentan que esa medida perjudicaría la competitividad con bancos en el extranjero y además supondría un mayor coste de gestión que, advierten, se trasladaría a los clientes.

Por otra parte, agrupaciones empresariales como la Asociación de tesoreros y directivos de empresa (ACT, en sus siglas en inglés) han advertido de que una reforma de la banca en estos momentos podría socavar la recuperación económica si se encarecen los créditos a las empresas.