La banca italiana había pasado de puntillas por la crisis hasta ahora, pero el pozo financiero en el que se encuentra Europa del Este ha terminado por salpicar a Italia, donde muchas empresas se han visto obligadas a recurrir a usureros para financiarse. Los dos grandes bancos italianos, Unicredit e Intesa Sanpaolo, eran hasta ahora dos de los pocos gigantes del sector en Europa que no habían tenido mayores problemas a causa de la crisis. Sin embargo, desde principios de año Unicredit ha perdido más de la mitad de su valor bursátil, mientras que Intesa Sanpaolo, con una exposición menor en Europa del Este, ha perdido un cuarto de su capitalización en bolsa en el último mes.
Según un estudio realizado por Credit Suisse y publicado por el diario económico Il Sole 24 ore, Unicredit obtiene el 32 por ciento de sus ingreses en los países de Europa oriental, mientras que el Intesa Sanpaolo obtiene en esa región un 12 por ciento de sus ingresos. 

En la pasada cumbre económica del G8 en la capital italiana, el presidente del Banco Mundial Robert Zoellick comentaba con un pequeño grupo de medios en un hotel romano entre los que estaba Efe que los grandes bancos europeos deben dejar de retirar recursos de Europa del Este para tapar sus agujeros en casa.

En la práctica Unicredit e Intesa Sanpaolo están reteniendo el crédito aún más en su mercado doméstico italiano. La consecuencia es que pequeños y medianos comercios de toda Italia, incapaces de hacer frente a sus pagos por la falta de crédito, están cayendo en manos de la usura, en muchos casos controlada por la mafia. 

En el último mes las agencias italianas han informado de múltiples casos de arrestos a personas que aplicaban intereses superiores al 100 por ciento al dinero prestado a empresarios que tenían dinero para sufragar sus pagos. 

Es el caso de 20 emprendedores de los alrededores de Nápoles pero residentes en Lombardía, el norte industrial italiano, que sufrían los intereses de entre el 60 y el 170 por ciento impuestos por una red desarticulada a principios de febrero. 

A los detenidos se les requisó dinero en metálico y bienes por valor de dos millones y medio de euros. Los medios italianos han informado hasta de casos de "usura étnica", como el de cuatro filipinos arrestados por prestar dinero a un interés del 70 por ciento a un centenar de compatriotas residentes en Milán. 

Pero el problema de la usura no ha nacido con la crisis, simplemente se ha visto estimulado por ella. Según la asociación empresarial Confesercenti, que elabora un informe anual sobre este asunto, en los últimos años 180.000 comerciantes se han visto afectados por esta lacra. 

El diario La Repubblica informaba hoy de que los emprendedores y profesionales liberales conforman más del 12 por ciento de los usuarios del teléfono anti-usura, un servicio diseñado por la provincia de Roma para atajar este problema. 

Las dificultades de la banca, en el núcleo del problema de la falta de crédito para las empresas y particulares, ha puesto nerviosos a muchos en Italia. 

Cuando el primer ministro, Silvio Berlusconi, recibió en Roma al presidente francés, Nicolás Sarkozy, hace una semana con ocasión de una cumbre bilateral entre Francia e Italia, unas declaraciones del líder italiano sobre una posible nacionalización de bancos fueron recogidas inmediatamente por la prensa. 

El gobierno italiano reaccionó rápidamente para aclarar que Berlusconi se refería en general a Europa y no a Italia, donde el sistema bancario es "sólido". 

Sólo un día más tarde el ministro de Economía, Giulio Tremonti, firmaba un decreto por el que el Tesoro italiano se comprometía a comprar deuda de los bancos, para recapitalizarlos.