La bolsa abre sus ojos y contenta comienza su sesión. Sabe que hoy es un día especial, que algo va a suceder y nada le va a quitar la alegría que le da cumplir años, satisfacción que llega después de haber tocado máximos. Mañana soplará las velas, 176 exactamente. Un año en el que su parqué ha vivido todo tipo de miedos, temores, alegrías y gozos. Mientras cierra los ojos, pide un deseo: volver a cumplir años con la misma fortaleza con la que ha vivido los últimos 365 días.
Por segundo año consecutivo, la bolsa española cumple años en máximos. Este año tocan los 15.561 puntos. Lejos quedan ya los niveles en los que el 20 de octubre de 1831 abría sus puertas el parqué de un antiguo edificio situado en la plaza del Ángel de Madrid, con la vista puesta en “hacerse rico de forma rápida”. Desde el día de su nacimiento, las cosas han cambiado bastante. Las transacciones se realizan mediante operaciones electrónicas y han dejado casi para el olvido los corros del parqué, el suelo donde muchas generaciones arriesgaron su capital por realizar un sueño. Surgió como respuesta a la necesidad de emitir una gran deuda pública por gran parte del estado tras un siglo repleto de guerras. Creada por Fernando VII, aunque ideada por José Bonaparte, la bolsa española comenzó con apenas un 1% de representación empresarial. Algo que refleja la situación en la que se encontraba la economía española, en la que los negocios que generaban riqueza eran aquellos que estaban en manos extranjeras. Conforme fueron pasando los años, el mercado bursátil se fue transformando en un instrumento para orientar el ahorro y la inversión, dejando de ser un juego para convertirse en motor de la iniciativa empresarial. Por ello, los grandes hombres de negocios de la época, Urquijo, Pastor, o el Marqués de Salamanca, serían los principales manipuladores de los hilos de la institución. Cambio de domicilio Será en 1893 cuando se cambie de domicilio, a la actual sede de la plaza de la lealtad, inspirada en la bolsa de Viena. Con los cambios sociales e institucionales, llegan al mercado algunos valores que serán los pilares de las economías occidentales, como las empresas automovilísticas y eléctricas. Más tarde, llegó el único momento en el que sus puertas estuvieron cerradas, entre 1936-1940 debido a la guerra civil. La posterior apertura española y la nueva política económica franquista significaron al final de este período una revalorización del índice del 271%. En 1992 comenzó a cotizar el Ibex 35, con la necesidad de crear un instrumento que reflejara la evolución del mercado español de Renta Variable y un año después se dejaron de emitir los títulos físicos, grandes papeles que acreditaban al poseedor de las acciones, y se sustituyeron por una simple anotación en cuenta sin ningún tipo de material impreso que los soporte. De regalo, subidas y bajadas La bolsa a vivido todo tipo de experiencias. La llegada del euro y nuevos índices que aportaban una mayor liquidez al sistema así como la incorporación, cada vez más frecuente, de compañías que buscan el momento propicio para “tocar la campana” que les marca el minuto 1 de su negociación en el mercado de valores. Nuevas formas de operar: acciones, warrants, cfds, etfs…para todo tipo de compañías al gusto del inversor: energéticas, renovables, financieras, telecomunicaciones… Compañías que no hacen sino reflejar el buen momento de la bolsa española y que regalan su sonrisa en cada sesión. Sin embargo, la alegría de alcanzar un máximo es proporcional a la desesperación que ha vivido la bolsa española durante los últimos meses. La crisis hipotecaria de Estados Unidos hizo que el parqué español perdiera su brillo durante algunas sesiones. Resplandor que ha recuperado en la última semana con un nuevo máximo en sus filas y una revalorización anual del 9,62%. Por el momento solo queda pedir un deseo, soplar y, sin quemarse, apagar las velas.