Europa emergente cubre grandes y fundamentalmente robustas economías como Rusia, Turquía y Polonia y países fronterizos en desarrollo que tienen un enorme potencial de subida gracias a una clase media emergente y a unos decrecientes desfases de ingresos con Occidente.
 
Las economías líderes de esta región se recuperaron rápidamente después de la crisis de 2008-2009 y hoy están preparadas para crecer el doble tan rápido como la Europa occidental en los próximos años. De hecho, varios son los motivos que explican la buena rentabilidad cosechada por estas economías: una fuerte demanda doméstica, la puesta en práctica de programas de inversión gubernamentales a gran escala, el surgimiento de una clase media emergente que fomentará el consumo en los próximos años, la disposición de abundantes recursos naturales en un momento que aumentarán los precios de las commodities, y la existencia de una mano de obra barata y cualificada y de bajos impuestos lo cual debería seguir atrayendo inversiones directas extranjeras y sustentando el crecimiento en la zona.

Dentro de esta región, nos gusta la renta variable rusa. En este país, la elección de Vladimir Putin como presidente fue un factor positivo para el mercado ya que trajo consigo el fin de un periodo de incertidumbre política que ha influido en el mercado desde las elecciones parlamentares a finales de 2011. Las mejoras en el gobierno corporativo de los grandes grupos rusos junto con unos dividendos más altos podrían dirigir el mercado este año y dar lugar a una expansión en los múltiplos de mercado, los cuales siguen siendo relativamente bajos comparados con los mercados emergentes globales. Los elevados precios del petróleo también respaldarán el mercado.

Por su parte, Latinoamérica es famosa por sus abundantes reservas naturales y como tal se beneficia de una demanda cada vez mayor de petróleo por parte de Estados Unidos y de las enormes necesidades chinas de cobre y mineral de hierro. La auténtica diversificación se produce, pues, gracias a las características específicas de cada país.

Además del crecimiento del gasto en consumo, básicamente guiado por una clase media emergente y unas tendencias demográficas favorables, las infraestructuras son también un atractivo tema de crecimiento gracias a la Copa Del Mundo de 2014 y los juegos olímpicos de 2016. Además, como principales productores y exportadores de materias primas, los países de América Latina deben trabajar para reducir los costes de transporte, sobre todo construyendo carreteras y aeropuertos. La energía es también un tema de inversión clave. A excepción de Chile, los países más importantes de América Latina están yendo de forma gradual hacia la autosuficiencia energética.

En cuanto a Brasil, creemos que el país podría recuperarse este año y cosechar un crecimiento del 3,5%. El consumo será el motor de esta recuperación, estimulado por una subida del 14% en el salario mínimo y por una cifra de desempleo históricamente baja. Además, un reducido nivel de inflación en los dos últimos trimestres ha permitido al Banco Central relajar significativamente sus políticas monetarias. Recordemos que su primer movimiento para reducir los tipos de referencia fue en agosto de 2011.

Gegham Ananyan, gestor de mercados emergentes en Edmond de Rothschild AM