La actual situación española se debate en dos frentes: déficit y crecimiento. Hasta el momento los políticos españoles han sido incapaces de romper el discurso de nuestros acreedores, con Alemania a la cabeza. La totalidad de nuestras cuentas, privadas y públicas, arrojan un fuerte déficit: estamos endeudados hasta las pestañas.

Nuestros socios, la Comunidad Europea, ha adoptado el papel que le corresponde, el de acreedor. Es decir, España debe devolver lo que se le ha prestado y lo que vendrá por prestar. Es por ello que en un pérfido discurso se nos exige recortes presupuestarios y elevación de los ingresos. Sobre los recortes, y tal y como he venido manteniendo, deben abordarse pero de forma racional; es decir, suprimiendo las partidas superfluas de gasto, resalto gasto como: innecesario, no productivo, a suprimir.

España necesita disminuir la nómina de políticos, rebajando sus salarios (pasados, presentes, futuros y en 'especie'), recortando su plantilla: tanto de políticos electos como de los nombrados “a dedo” y penalizando su ineficacia. Asimismo debe eliminar las subvenciones a partidos, asociaciones políticas y a sindicatos; disminuyendo adicionalmente las empresas públicas inútiles, amén de figuras administrativas inútiles. A partir de ahí, en una coyuntura de depresión, cualquier recorte puede ser perjudicial. Llegará el tiempo de crecimiento, momento de ir disminuyendo o acomodando el resto de partidas. Una bajada de salarios general a funcionarios no está justificada, puede deprimir aún más el consumo presente debilitando la confianza de los consumidores, una de las piedras en que basar la recuperación futura. Además, no soluciona el dilema de la eficiencia de la administración. Por otra parte, si la administración pública está sobredimensionada es un problema generado por los políticos, no por los funcionarios.

El recorte de prestaciones por desempleo se debe inscribir dentro de una profunda reforma del mercado laboral. Hasta el momento esta cuestión, empleo, ha sido y continúa siendo la ordenanza del desempleo. Sólo mirar la cifra de paro nos corrobora la anterior afirmación. Es necesario abordar: formación, contratos, desempleo (juvenil, estructural y cíclico, así como el de larga duración), seguridad social, pensiones, emprendedores, innovación. Todo ello dentro de un marco que de cuerpo a una necesidad acuciante: qué mercado laboral se quiere y se va a desarrollar.

La elevación de impuestos, especialmente el IVA, me produce repugnancia. No se puede justificar la subida diciendo que existe una bolsa de fraude. Esta afirmación es la descalificación de los políticos, comenzando por Montoro, los cuales deben luchar contra la economía sumergida. El IVA es un impuesto que afecta especialmente a las clases bajas y medianas, donde la ratio consumo sobre rentas es más alta que en los estratos sociales altos. Ibn Jaldún ya en el S.XIV se interesó por este aspecto y en el S.XX, Laffer enunció como el aumentó de los gravámenes impositivos no aumenta la recaudación, pudiendo incluso llevar a su disminución. Además, la subida de este impuesto, con una gran bolsa de fraude detrás, llevará a aumentar la misma. Por cierto la reforma de la fiscalidad del tabaco llevará a un aumento del mercado negro de este producto.

Todo, recorte y aumento de impuestos o miseria si lo prefieren, llega debido nuevamente a la ineficiencia de nuestros políticos que controlaron políticamente, de acuerdo a sus intereses, al Banco de España, a la vez que fueron incapaces de liquidar entidades no-viables, ni hacer partícipe a bonistas y acreedores de la quiebra de varias entidades de crédito. Es curioso que el Memorándum de Entendimiento, eufemismo que quiere decir tareas obligadas a acometer por no haberse llevado a cabo, recoja todo lo expresado anteriormente lo que no se hizo.

Pero como español me duele y enfurece que el actual Gobierno sea insensible al crecimiento. Tanto los españoles y residentes, como inversores se preguntan: dónde están las medidas de crecimiento. Ni una palabra en este sentido, ni una medida, ni un bosquejo, ni un atisbo. Los españoles estamos hartos de comer promesas, como lo están los mercados financieros. La bolsa, termómetro inmediato de valoración de medidas económicas, así como la prima de riesgo, salud futura de las cuentas pública, demuestran que las medidas adoptadas generarán más miseria. Dejan desnudo en su podredumbre al actual gabinete político, desmintiendo que estas son las medidas que deben articularse. Digan y expliquen a mi hija qué le ofrece este país, pueden también decírselo a los inversores internacionales que cada vez se alejan un poco más en creer, es decir, invertir en España. En un futuro le tendrán que explicar a mi madre por qué le congelan la pensión, se la bajan o le quitan una paga. Hace ya tiempo que Arthur Okun puso de manifiesto, de forma empírica pero de fácil observación, la correlación entre desempleo y actividad económica (PIB). Pues bien como las actuales medidas nos condena a una mayor caída de la actividad, en lo que queda de 2012 como en el próxima 2013, nuestro desempleo superará los seis millones de parados.

¡Gracias! Mientras tanto nuestro presidente seguirá devolviendo códices, los cuales son recuperados por funcionarios a los que les baja la remuneración