A raíz de una encuesta que iAhorro.com está haciendo a sus usuarios sobre la prima de riesgo, ha surgido un dato interesante y curioso: un 48% de los encuestados prefieren tener el dinero en depósitos y cuentas remuneradas, frente a un 40% que toma el oro como activo refugio; sólo un 12% compraría deuda pública.

La respuesta de que el oro es un activo refugio en el que invertirían tiene un componente mediático claro, al salir constantemente datos sobre el aumento de su precio en los medios. Lo que sí es curioso es que se considere más seguro tener el dinero en depósitos bancarios que en deuda pública.

La razón de preferir los depósitos a la deuda pública no viene ni por su rentabilidad ni por su fiscalidad.

Las Letras del Tesoro a 1 año (deuda pública) en la última subasta ofrecieron una rentabilidad media del 3,702%, cuando la gran mayoría de plazos fijos no superan el 3%.

La fiscalidad de la deuda pública y los depósitos es idéntica, al considerarse rendimientos del capital mobiliario en el IRPF y tributar al 19% los primeros 6.000 euros y al 21% lo que sobrepase esta cantidad. Sin embargo, los intereses de los depósitos tienen una retención del 19% al cobrarse, y la rentabilidad a vencimiento de la deuda pública no, tributando al presentar la declaración de renta del ejercicio en cuestión. Por tanto, al pagar impuestos más tarde, podríamos decir que la rentabilidad fiscal es favorable en el caso de las Letras.

Si no es una razón de rentabilidad ni fiscalidad, ¿por qué el inversor particular prefiere los depósitos a la deuda pública?

Dos podrían ser las respuestas, con un nexo relacional claro:

1. Se percibe que la entidad financiera con la que uno trabaja es más segura que el Estado.
2. Se desconoce la naturaleza de la inversión en deuda pública.
El dinero depositado en cuentas y depósitos está garantizado por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), hasta 100.000 euros por persona y entidad (cantidad que fue incrementada en su momento a razón de la crisis y puede volver a reducirse a los 20.000 euros originales).

Se nutre de las aportaciones de las entidades financieras adheridas y, de forma extraordinaria, de las aportaciones del Banco de España.

Si el banco presenta un concurso de acreedores y no puede devolver los depósitos, actuaría el FGD. Por tanto, en primera instancia responde el banco o caja de forma ilimitada y, en un segundo momento, el FGD hasta 100.000 euros.

La deuda pública está garantizada de forma ilimitada, derecho amparado en la propia Constitución en su artículo 135. El Estado garantiza el pago del nominal (y los intereses implícitos), sin que se pueda modificar esta partida en los Presupuestos Generales del Estado bajo ningún concepto.

¿Es más seguro tener el dinero en depósitos bancarios que en deuda pública?

La respuesta es que no. Si España no pudiera hacer frente a sus obligaciones de pago de deuda pública, estaríamos ante un escenario verdaderamente catastrófico. Los bancos nacionales también verían comprometida su solvencia, dado que gran parte de la deuda soberana española está en sus balances.

¿Si la deuda pública es tanto o más segura que los depósitos y además actualmente más rentable, por qué el cliente bancario no quiere o no sabe invertir en ella?

Porque es un producto poco interesante para el banco, que no lo comercializa activamente. Los depósitos generan fondos propios para la entidad, tan necesitada de liquidez en estos momentos. La deuda, genera liquidez para el Estado. Y lo que dice el director de la sucursal va a Misa; al menos hasta que llegó la crisis financiera.