Esta semana, la estabilidad de la zona euro tiene una cita crucial. Hoy conoceremos si finalmente el plan de austeridad exigido por la troika ve la luz verde y el jueves, tendrá lugar una segunda votación para un paquete de medidas fiscales adicionales (reformas fiscales y privatizaciones). Todo, bajo la amenaza de 4 diputados socialistas con no votar a favor, con la oposición en contra y con una huelga general de 48 horas que comenzó ayer.

Tanta es la incertidumbre sobre si finalmente las medidas saldrán adelante, que las autoridades europeas podrían estar trabajando en un plan B, cuya activación se produciría si Grecia es incapaz de sacar adelante las medidas de ajuste, y que podría consistir en la concesión de préstamos urgentes que sirvan de puente hasta que se alcance una solución más permanente.

Sí, parece que Grecia es la que concentra la atención del momento, que el futuro de la estabilidad de la zona euro en particular y los mercados financieros en general, depende de esta votación y en caso que las medidas resulten aprobadas, de un segundo plan de rescate. Sin embargo, aún en el mejor de los casos, aprobación de las medidas de ajuste y concreción de un nuevo plan de rescate a Grecia, no puedo evitar preguntarme porque en esta ocasión el problema de la deuda podrá resolverse con más deuda, y porque en esta ocasión esa nueva deuda permitirá que Grecia consiga una senda de crecimiento sostenible. De hecho, voy más allá… a pesar de que la actualidad concentra la atención en la problemática del país heleno, estas mismas inquietudes podrían ser válidas para EE.UU. a falta de un día para que finalice el QE2. Y es que tal y como demuestran los datos económicos, la recuperación económica de EE.UU. pierde pulso y lo que es peor, a pesar de las ingentes cantidades que se han invertido en forma de medidas no convencionales o QE, la economía estadounidense no es capaz de crear empleo.

El caso es que el problema de deuda, parece que no se ha solucionado con estas medidas porque sencillamente, no ha llegado a la economía real; no han llegado a las empresas, ni a los consumidores… tan sólo a un grupo selecto de entidades y si observamos la evolución de los índices americanos, podríamos decir que a la renta variable americana. Pero… ¿resultan atractivas estas valoraciones? Si tenemos en cuenta que el S&P 500 ha duplicado su valor en los últimos tres años y medio, y que los máximos que se dejaban en octubre de 2.007 están a tan sólo un 23% de los niveles actuales, podríamos intuir que las valoraciones quizá podrían no ser atractivas pero… si además tenemos la certeza que la economía estadounidense pierde ritmo y está endeudada hasta alcanzar la irracionalidad, deberíamos concluir que efectivamente, las valoración no es atractiva. Sin embargo, en los mercados, 2+2 no son cuatro y lo cierto es que lo vea yo atractivo o no, la tendencia del S&P500 es alcista.



En conclusión, si están comprados en renta variable, perfecto; no deben preocuparse. Sólo deben seguir los mercados y ser conscientes de la coyuntura actual. La coyuntura la tenemos clara pero la pregunta es ¿hasta cuando aguantarán los mercados? El primer síntoma de debilidad, lo tendremos con la pérdida de la media de 200 sesiones y el segundo, con la pérdida de la tendencia alcista. Hasta entonces, disfruten de sus posiciones.