La Comisión Europea aprobó hoy el plan de eliminación de activos tóxicos y de reestructuración del banco británico Royal Bank of Scotland tras forzarle a reducir su tamaño mediante la venta de parte de sus activos. Con esta medida, Bruselas quiere compensar las distorsiones de competencia creadas por las cuantiosas ayudas públicas que ha recibido este banco para salvarlo de la quiebra.