Con la crisis de deuda europea aún vigente, el bajo crecimiento mostrado por Estados Unidos y la desaceleración que se aprecia en China, es difícil prever un panorama para 2013 en el que la volatilidad en los mercados deje de ser la tónica imperante. En este contexto, los bonos convertibles son una opción de inversión que permite cierto grado de optimismo.
Al igual que el bono tradicional, el convertible ofrece un cupón fijo durante un período determinado y un reembolso del 100% del capital a vencimiento, pero con la peculiaridad de que añade, además, la posibilidad de convertir el capital en acciones, pero la decisión de conversión pertenece al titular del bono, y no a la sociedad emisora.

El convertible ofrece varias ventajas. En primer lugar, aumenta su valor en cuanto sube la acción subyacente lo que hace que, cuando los mercados de acciones suben, el valor de estos bonos también lo hace. En segundo lugar, en el caso de que los mercados de renta variable experimenten una bajada, el bono convertible amortigua su caída gracias al cupón. Así, en un contexto de alta volatilidad de los mercados, los bonos convertibles son una muy buena estrategia al combinar las ventajas asociadas tanto a la renta fija como a la variable, con rentabilidades comparables a las de las acciones pero con menores consecuencias en caso de bajadas. Esto es, a grandes rasgos, lo que denominamos convexidad del bono.

Hasta aquí todo parece muy sencillo, pero en cualquier caso, hemos de tener presente que el bono convertible es un producto sofisticado cuya gestión requiere elevados conocimientos financieros y experiencia en ese campo. De hecho, existen convertibles con un gran potencial de generar un alto rendimiento pero que muestran una menor convexidad; igual que hay bonos muy convexos que ofrecen un efecto amortiguador alto. Invertir en este tipo de activos de la forma correcta es complejo y es esencial saber analizar el riesgo de crédito asociado al bono convertible y, particularmente, ser capaces de prever el riesgo en aquellas compañías subyacentes que carecen de rating por parte de las principales agencias de calificación.

Es necesario, pues, realizar un profundo estudio basado en los flujos de caja para evaluar si la sociedad emisora será capaz de reembolsar el bono convertible teniendo en cuenta factores como su tesorería en el momento de la emisión, sus flujos de caja libre y los pagos de deuda que deberá afrontar en el futuro. Por eso, desde mi experiencia y refiriéndome al inversor particular, recomiendo afrontar este tipo de inversión, siempre, a través de fondos de inversión ya que un buen fondo de bonos convertibles está orientado a optimizar el rendimiento limitando, a su vez el riesgo de caida.

Como conclusión, recordamos que la rentabilidad de este tipo de activo se produce por tres catalizadores: el rendimiento corriente de los convertibles (cupón), el estrechamiento del riesgo de crédito y a la subida de las acciones subyacentes. Si en 2012, las rentabilidades de esta clase de activos han ganado terreno gracias, fundamentalmente, al estrechamiento del riesgo de crédito, de cara al 2013 consideramos que, como una buena parte del camino en cuanto al estrechamiento del crédito está hecha, el principal generador de rentabilidad va a ser el potencial de revalorización de las acciones subyacentes, lo que unido a la previsible volatilidad hace de los bonos convertibles una tipo de activo muy apropiado para este entorno.