La crisis de Ucrania ha levantado y dado a conocer uno de los problemas más importantes que tenemos en el planeta y que está focalizado en Europa, una vez más.
El continente europeo es rico en recursos, pero nadie sabe por qué no se están explotando cuando llega la hora del consumo de la energía, y se sigue confiando en importar energía de otros países, algo que produce debilidad geoestratégica, como se ha demostrado con la crisis de Ucrania.
 
Rusia sabía perfectamente que la dependencia de Alemania del gas ruso, la hacía débil a la hora de crear contra medidas para evitar que Vladimir Putin consiguiese echar mano de algunas zonas de Ucrania. La debilidad de las acciones por parte de la euro zona dejaron bien a las claras que tenemos un problema energético y que ha despertado más de una investigación para ver hasta qué punto tenemos ese flanco descubierto. Desde Bruselas, se está impulsando una especie de test de stress a todos los países para ver qué pasaría si de forma abrupta se cortase el suministro ruso desde Ucrania.
 
Por otro lado, se ha abierto un negocio muy importante que todo el mundo ve con buenos ojos que es la de importar gas natural desde otras localizaciones, como por ejemplo África o el propio Estados Unidos.
 
China está muy interesado también en el gas natural porque es una manera de rebajar la contaminación de sus ciudades y aumentar su independencia energética, algo que explica el enfrentamiento que tiene con Japón y otros vecinos por islas insignificantes pero que están sentadas encima de recursos muy importantes.
 
En lo que todo el mundo se está fijando con respecto al gas natural no son los yacimientos que podríamos calificar como normales, sino en lo que no son normales y que están siendo accesibles mediante nuevas tecnologías. Precisamente, esa tecnología es contra la que se está luchando en España por suponer un peligro si se utiliza en zonas demasiado sensibles, como el levante español. La técnica del fracking buscando el gas de esquisto, es algo que los norteamericanos han estado trabajando durante mucho tiempo y su tecnología está muy avanzada, algo que China sabe y está empezando a aumentar muchísimo la inversión para intentar cerrar el hueco tecnológico que tienen. El gigante asiático quiere aumentar el consumo de gas natural al 9% en 2017 desde el 5.2% que tuvo el año pasado y quiere producir hasta 2020 una horquilla entre 60.000-100.000 millones de metros cúbicos de gas de esquisto. Para los analistas, este objetivo les parece demasiado optimista y dicen que para poder conseguirlo los costes deberían bajar de forma potente para poder generar semejante cantidad de gas en ese plazo.
 
En resumidas cuentas, el sector petrolero, gasista y de utiltiies debe ser uno de lo que hay que seguir de ahora en adelante porque vamos a saber mucho de él en breve.