Nos acercamos a la recta final del año en un entorno marcado por la incertidumbre geopolítica, las tensiones inflacionistas y las dudas sobre el crecimiento económico. ¿Qué balance haces del comportamiento de los mercados financieros en 2026? ¿Qué riesgos consideras que podrían marcar el inicio de 2027 y qué factores podrían impulsar nuevas subidas?

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En el balance de lo que llevamos de 2026, aunque todavía quedan un par de meses en los que pueden pasar muchas cosas, a primer vistazo los índices bursátiles en renta variable nos pueden estar engañando. Aunque veamos todas las pantallas en verde, estos índices están muy concentrados, no solo en posicionamiento, sino también en resultados y en crecimiento de beneficios.   

Desde el 1 de enero de 2026, el crecimiento de beneficios esperado para los próximos doce meses ha aumentado un 31%. Si analizamos qué ha impulsado ese incremento, encontramos básicamente a los sectores de tecnología y energía. Si quitamos estos dos sectores del índice estadounidense, hablo del S&P 500, el índice no habría crecido en cuanto a beneficios; estaría totalmente plano y seguramente no tendríamos el buen resultado que acumulamos en el año. Para poner en contexto el nivel de concentración: solo diez compañías han generado tres cuartas partes (el 75%) de esta mejora en las previsiones de crecimiento.   

En cuanto a la renta fija, donde los inversores españoles más conservadores han podido verse más afectados, observamos un ejercicio complicado. En cuanto se tiene algo de duración en la cartera o no se está invertido en el segmento más conservador en fondos monetarios, probablemente se esté en terreno negativo o plano, lo cual puede extrañar al tratarse del perfil más conservador. Lo positivo es que, para el próximo año, los gestores están aprovechando TIRes más altas en el mercado, lo que supone una buena oportunidad para obtener rentabilidades más atractivas en los ejercicios venideros.   

De cara a 2027, el principal riesgo es que las expectativas de beneficios que han impulsado a los índices no se cumplan y defrauden al no alcanzar las cifras previstas, lo que perjudicaría notablemente a las bolsas. Por contra, la oportunidad radicaría en que el actual conflicto en Ormuz cesase o concluyese, lo que propiciaría una bajada del precio de la energía, consecuentemente un descenso de la inflación y, a más largo plazo, una reducción o distensión en los tipos de interés. Si con el conflicto activo hemos tenido un buen año de bolsa, el siguiente ejercicio podría ser considerablemente mejor si este finaliza.

Los fondos indexados y los ETF continúan ganando protagonismo entre los inversores por sus bajos costes. ¿En qué mercados o activos crees que la gestión activa todavía puede aportar un valor diferencial?

A menudo la elección no es puramente pasiva o activa. Casi siempre habrá gestores activos capaces de batir al índice de referencia, pero existen mercados o sectores concretos donde el porcentaje de gestores activos que supera al mercado es sustancialmente mayor, facilitando encontrar estrategias excelentes.   

Me refiero principalmente a mercados emergentes o a la inversión en small y mid caps (pequeñas y medianas cotizadas), donde la ratio de analistas por compañía es infinitamente más reducida que en grandes valores estadounidenses del S&P 500. Asimismo, destacan gestores con rentabilidades superiores en sectores especializados que exigen, además de criterio financiero, un profundo conocimiento técnico, como la medicina y, muy en particular, la biotecnología.   

En renta fija, dentro de segmentos como el high yield o los bonos subordinados, la selección de valores resulta fundamental. Es clave contar con un gestor activo cualificado que filtre emisiones en lugar de replicar el índice. Al seguir pasivamente un índice de deuda, se termina ponderando más a los emisores con mayor volumen de endeudamiento. En un entorno de tipos elevados durante un periodo más prolongado, seleccionar con rigor a quién se le presta el dinero de cara a los próximos años es más decisivo que nunca.

La bolsa española se ha convertido en uno de los mercados favoritos de los gestores europeos, según la última encuesta de Bank of America. ¿Qué está haciendo que los inversores internacionales vuelvan a fijarse en las empresas españolas?

El buen comportamiento del mercado español responde principalmente a tres factores:   

  1. Composición sectorial: El IBEX 35 presenta una elevada concentración en el sector bancario, utilities y energía, tres sectores con un desempeño destacado a lo largo de los últimos doce a dieciocho meses. A modo de referencia, los tres mayores bancos españoles ponderan en torno al 40% del índice.  
  2. Fundamentales macroeconómicos y empresariales: El Banco de España proyecta crecimientos económicos de alrededor del 2,6% para lo que resta de 2026 y del 2,2% para 2027, tasas muy superiores al promedio de la Unión Europea (en torno al 1%). Paralelamente, los analistas prevén crecimientos de beneficios de doble dígito (entre el 10% y el 15%) en las empresas españolas para los próximos ejercicios.   
  3. Flujos de capital internacional: Un informe reciente de BME constata que, por primera vez, más del 50% de las acciones de empresas cotizadas españolas está en manos extranjeras e internacionales. Grandes gestoras globales están incrementando su posicionamiento en España.   

Dejar de ser una apuesta puramente contrarian para ganar visibilidad y popularidad conlleva, por otro lado, que parte del recorrido alcista ya esté descontado en las valoraciones actuales.

Más allá de la inteligencia artificial, tendencias como el envejecimiento de la población, la transición energética o la automatización están transformando la economía. ¿Qué megatendencia crees que está más infravalorada por los mercados y podría ofrecer oportunidades de inversión a largo plazo?

Una tendencia estructural evidente desde AFI es la longevidad y la salud. En los principales países desarrollados (Estados Unidos, Europa, España o Japón) la población experimenta un envejecimiento acelerado derivado del continuo aumento de la esperanza de vida.   

Constituye una oportunidad atractiva por valoración: analizando el múltiplo EV/EBITDA (Enterprise Value sobre EBITDA), este sector suele cotizar con una prima cercana al 20% respecto a otros sectores, mientras que hoy en día se sitúa por debajo de su media de los últimos 25 años. Dicho abaratamiento, motivado por salidas de flujos e incertidumbre regulatoria, coincide con la aparición de la inteligencia artificial como catalizador, agilizando y abaratando el descubrimiento de nuevos fármacos en fase 1. Según estudios recientes, el sector salud contrata herramientas de inteligencia artificial a un ritmo que dobla al de otros sectores en Estados Unidos.   

Las oportunidades concretas de inversión se identifican en dos áreas:  

  • Biotecnología: Espacio idóneo para la gestión activa mediante firmas de pequeña capitalización volcadas en el desarrollo de fármacos. Las grandes farmacéuticas terminan adquiriendo estas biotecnológicas con prima para reponer carteras de productos y amortiguar el vencimiento próximo de patentes.   
  • Tecnología médica (MedTech): Integración de inteligencia artificial en cirugía robótica y procedimientos menos invasivos, que reducen molestias y facilitan la recuperación postoperatoria.   

En definitiva, no conviene centrarse únicamente en los proveedores directos de infraestructura y venta de inteligencia artificial, sino también en los sectores usuarios que mayor provecho y ventaja operativa obtendrán de su implementación a largo plazo.

Pese al creciente interés por los mercados financieros, muchos ahorradores siguen priorizando productos conservadores y mantener su dinero en liquidez. ¿Cuál consideras que es el principal error que cometen los españoles a la hora de invertir sus ahorros?

El principal inconveniente del ahorrador e inversor español reside en no planificar su patrimonio de manera estructurada, gestionándolo habitualmente como un único bloque. Al predominar un sesgo marcadamente conservador, ese bloque indiviso suele canalizarse hacia las opciones más tradicionales: fondos monetarios, depósitos bancarios o cuentas remuneradas. Con ninguno de estos tres vehículos se consigue batir de forma sostenida a la inflación.   

La alternativa idónea es estructurar una cartera por objetivos, segmentando el patrimonio en diferentes partidas. El capital prescindible a largo plazo puede orientarse hacia la renta variable, reservando para productos conservadores únicamente aquel tramo necesario a corto plazo.   

La consecución de este esquema requiere o bien elevar la cultura financiera del inversor, área en la que España aún se sitúa por debajo del promedio de la Unión Europea según el Banco de España, o bien apoyarse en el asesoramiento profesional independiente (como AFI u otras firmas especializadas) que estructure dichos bloques y seleccione los vehículos óptimos para cada meta.