Hace unos meses el mercado discutía cuántas bajadas de tipos llegarían; hoy vuelve a plantearse incluso nuevas subidas. ¿Cómo crees que debería cambiar un inversor su cartera ante este giro: reducir duración, aumentar renta fija, mantener bolsa o elevar liquidez?
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Seguimos en un ciclo alcista potentísimo en renta variable, por lo que hay que mantener posiciones en bolsa. Sin embargo, donde hay que hacer más cambios es en la renta fija.
Los comités de inversión deberían hacer a menudo lo contrario a lo que hacen los comités de dirección respecto a los tipos de interés. Este verano, ante el nerviosismo del mercado y de los directivos con los tipos, la renta fija ha ganado atractivo. Aunque el elefante en la habitación sigue siendo la deuda y exige estar muy atentos, hoy la renta fija merece la pena mucho más de lo que lo ha hecho en bastante tiempo.
El petróleo vuelve a acercarse a niveles elevados y Europa afronta además un fuerte encarecimiento del gas. ¿Crees que estamos ante un shock temporal o ante un cambio suficientemente importante como para replantear las carteras? ¿Qué activos o sectores ofrecen hoy la mejor protección frente a ese riesgo?
La lección de los últimos años es el cuidado que hay que tener con la palabra «temporal».
Es un shock temporal, pero más largo de lo que habríamos pensado al principio. Aunque el petróleo ha superado los 100 dólares el barril, los vencimientos más lejanos apenas se han movido, lo que demuestra que el mercado sigue descontando una situación temporal. El verdadero problema del petróleo es su traslado a la inflación y el subsecuente ajuste de las políticas monetarias.
Para cubrirse de la inflación, la renta variable es el mejor activo y, en concreto, tiene mucho sentido tener posiciones directas en petróleo (la cobertura más pura y beneficiaria directa), con compañías que cotizan a valoraciones atractivas. Aunque sufran traspiés temporales si termina la guerra, el resto de la cartera equilibrará la situación.
En A&G habéis defendido buscar oportunidades más allá del rally tecnológico, en sectores como salud, lujo, materias primas o la denominada “vieja economía”. Después de las subidas ligadas a la inteligencia artificial, ¿qué señal te haría reducir exposición a tecnología y dónde ves ahora la mejor relación entre valoración y potencial de crecimiento?
En nuestro fondo Paradigma Value Catalyst, la tecnología representa entorno a un 15% de la cartera. Hemos jugado la temática de la inteligencia artificial a través de semiconductores y memoria, los «picos y palas» de la fiebre del oro. Tras correcciones de casi un 50% en la memoria desde máximos y su posterior rebote del 25%, rehicimos posiciones en compañías como SK Hynix. Sin embargo, diversificamos hacia la economía real no disrumpible por la IA:
- Salud: Enfoque en fabricantes de medicamentos complejos con potentes barreras de entrada y gran visibilidad a medio y largo plazo.
- Energía: Persiste un desequilibrio estructural entre oferta y demanda que continuará tras los conflictos.
- Lujo, industria y materias primas: Sectores donde identificamos oportunidades de valoración atractivas.
Hace unos meses decías que quien permanece en fondos monetarios está ahorrando más que invirtiendo. Con las rentabilidades de los bonos de nuevo al alza y los bancos centrales endureciendo el tono, ¿sigues pensando que es momento de salir del monetario? ¿Dónde ves hoy el “punto dulce” de la renta fija en duración y calidad crediticia?
Respecto a los fondos monetarios, actualmente son poco atractivos. Ha habido un repunte de inflación y los tipos en Europa apenas han subido (con el BCE subiendo 25 puntos básicos hasta el 2,5%, la inflación está claramente por encima de ese nivel). Esto significa que ofrecen rentabilidades inferiores a la inflación, por lo que en términos reales ni siquiera se está ahorrando.
En cuanto a la renta fija, más allá del ruido sobre las subidas de tipos y la deuda, estamos volviendo a lo que llamo el «viejo normal». Es decir, el mundo vuelve a funcionar como siempre lo habíamos conocido: se termina la liquidez infinita y las inflaciones cercanas a cero durante mucho tiempo. Ahora, para prestar dinero a largo plazo (por ejemplo, a 30 años) se exige una rentabilidad superior que si se presta a unos meses, ya que hay menos visibilidad. En este entorno, la prima a plazo vuelve a pagar y la curva recupera su pendiente.
Dado que la deuda corporativa sigue cara (los diferenciales de crédito están cerca de mínimos y el riesgo está poco remunerado), en su fondo Paradigma Flexible Bonds mantienen una postura conservadora en crédito. Lo que sí han hecho es ir comprando duración poco a poco: hace cuatro o cinco meses tenían una duración de 2,5 y hoy han llegado a 4.
Mensaje para los inversores: la duración media de un fondo puede construirse de formas muy distintas. Tener una duración de 4 puede lograrse concentrando toda la cartera en vencimientos de entre 3 y 5 años, o combinando activos a muy corto plazo con otros a muy largo plazo. El lugar exacto en el que te posicionas dentro de la curva cobra hoy especial relevancia. Por eso, los fondos de renta fija flexible, que son capaces de adaptarse a estos movimientos de la curva y a las circunstancias cambiantes del mercado, representan una muy buena oportunidad a medio y largo plazo.
También has defendido que las correcciones provocadas por acontecimientos geopolíticos suelen ser oportunidades de compra. Pero cuando la geopolítica empieza a trasladarse al petróleo, la inflación, los tipos y los beneficios empresariales, ¿qué tendría que ocurrir para que esta vez recomendaras no “comprar la caída”?
La voz de alarma vendría dada si la cadena de transmisión (subida del petróleo - repunte de la inflación - impacto en los resultados de las empresas) termina por deteriorar los beneficios empresariales. Hasta la fecha, esa última fase no se ha cumplido en absoluto y los beneficios resisten bien, por lo que hoy en día estamos lejos de ese escenario de alerta.