Cada vez resulta más difícil evitar por completo a las grandes empresas tecnológicas, dado su peso en los índices bursátiles globales y su papel fundamental a la hora de impulsar la productividad, la innovación y el crecimiento económico. Sin embargo, los inversores no necesitan concentrar su exposición en un puñado de empresas estadounidenses de gran capitalización para participar en las tendencias a largo plazo de la digitalización y la inteligencia artificial.
A medida que la implantación de la inteligencia artificial pasa de entrenar grandes modelos de lenguaje en la nube a coordinar ejércitos de agentes en dispositivos locales, los fabricantes de hardware compiten por actualizar sus componentes para satisfacer la creciente demanda computacional. Una solicitud típica de IA viaja desde un dispositivo hasta un centro de datos, donde se procesa en hardware especializado antes de emprender el largo viaje de ida y vuelta hasta su origen. Este modelo de IA en la nube es la base del auge de los centros de datos, valorado en un billón de dólares.
A medida que la evolución de la IA pasa del entrenamiento de grandes modelos de lenguaje a la creación de innumerables aplicaciones conocidas como «agentes», creemos que los inversores tienen la oportunidad de sacar partido de este cambio crucial.
Yan Taw Boon, gestor del fondo Neuberger Berman Next Gen Connectivity, analiza en esta entrevista el momento clave que atraviesa la inteligencia artificial como motor de inversión global. Desde una posición privilegiada en Asia, defiende que la carrera tecnológica entre Estados Unidos y China, el fuerte despliegue de infraestructuras y los cuellos de botella en semiconductores y conectividad están generando más oportunidades que riesgos, pese a la volatilidad del mercado y a la disrupción que la IA está provocando en sectores como el software.