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El dato es especialmente relevante porque representa el mayor crecimiento trimestral de los ingresos desde finales de 2021. También supone el segundo trimestre consecutivo con avances de doble dígito, después del 11,8% registrado entre enero y marzo. Hace poco más de un año, en el primer trimestre de 2025, las ventas apenas crecían un 4,7%. Desde entonces, la aceleración ha sido bastante evidente: 6,4% en el segundo trimestre, 8,4% en el tercero, 9,4% en el cuarto, 11,8% a comienzos de 2026 y ahora 15%.

Fuente: Carlos Arenas Laorga

La primera lectura para el inversor es que la subida bursátil no descansa exclusivamente sobre una expansión de las valoraciones. Las compañías están vendiendo más. Y los ingresos, aunque tampoco sean una medida perfecta, resultan más difíciles de maquillar que el beneficio por acción. Una empresa puede elevar su beneficio mediante recompras de acciones, ajustes contables, menores impuestos o partidas extraordinarias. Para aumentar su facturación necesita vender más productos y servicios, cobrar precios más altos o adquirir nuevos negocios.

Además, las compañías no solo están creciendo: están superando lo que esperaba el mercado. Según FactSet, el 76% de las empresas que han presentado resultados ha comunicado unos ingresos superiores a las estimaciones de los analistas. La sorpresa agregada alcanza el 3,2%, frente a una media del 1,9% durante los últimos cinco años y del 1,6% durante la última década. Cuando comenzó el trimestre, el consenso esperaba un crecimiento de las ventas del 9,5%. Al cerrarse junio, la previsión había subido al 12,2%. Tras conocer la mayor parte de los resultados, la cifra ha terminado escalando hasta el 15%.

Una valoración elevada puede mantenerse mientras los beneficios y las ventas crezcan lo suficiente para alcanzarla.

La tecnología continúa siendo uno de los grandes motores. Raymond James calcula que sus ingresos avanzan alrededor de un 36% interanual, impulsados por semiconductores, servicios en la nube, centros de datos y gasto en inteligencia artificial. Alphabet, Amazon y Microsoft están comenzando a demostrar que el enorme capex destinado a la IA puede transformarse en más contratos, crecimiento del negocio en la nube y mayores carteras de pedidos.

Los once sectores del S&P 500 registran crecimiento interanual de los ingresos y cinco de ellos avanzan a doble dígito. Incluso si se excluyeran tecnología y energía —los dos mayores contribuyentes—, las ventas del resto del índice todavía crecerían un 9,7%. Es una cifra inferior al 15% general, pero difícilmente compatible con la idea de una economía empresarial sostenida por cuatro compañías.

La energía ha sido el otro gran acelerador, con un incremento de la facturación del 42,5%. El precio medio del petróleo alcanzó los 92,55 dólares durante el trimestre, un 45% por encima del registrado un año antes. Buena parte de ese crecimiento es, por tanto, nominal: las petroleras venden un producto mucho más caro. Chevron, Exxon Mobil, Marathon Petroleum, Phillips 66 y Valero estuvieron entre las empresas que más superaron las previsiones de ingresos. Es crecimiento, pero no tiene la misma calidad ni la misma capacidad de repetirse que el generado mediante mayor volumen de clientes o ganancias de cuota de mercado.

También hay una diferencia importante entre facturación y beneficios. Las ganancias del S&P 500 crecen un 50,4%, pero esa cifra está distorsionada por partidas extraordinarias de Alphabet y Amazon vinculadas a la revalorización de inversiones. Sin ambas compañías, el crecimiento del beneficio bajaría al 32%, todavía muy potente.

El S&P 500 cotiza aproximadamente a 20 veces los beneficios esperados para los próximos doce meses, ligeramente por encima de la media de los últimos cinco años y claramente por encima de la media de la última década. El inversor está pagando por un crecimiento que ya existe, pero también por la expectativa de que continúe.

Los analistas esperan que el crecimiento de los ingresos se modere hasta el 11,3% en el tercer trimestre y el 10,9% en el cuarto.

La temporada deja, por ahora, una conclusión favorable y bastante sólida. Estados Unidos no solo tiene empresas cuyas cotizaciones suben: tiene compañías que venden más, superan previsiones y convierten buena parte de ese crecimiento en beneficios.