En los últimos días, con la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, el consenso parece claro: el petróleo debería subir. Y, de hecho, lo ha hecho. Es normal, porque Irán produce alrededor de 2 millones de barriles diarios que podrían desaparecer del mercado si el conflicto escala o si las sanciones se endurecen.

Pero creo que no he escuchado a nadie alertar de que el precio del petróleo podría caer. No digo que vaya a suceder, o que sea el principal escenario, pero no sería raro que bajase. Te lo digo por si te querías subir a la ola de las compras de productos que repliquen el petróleo. No me parece mal, pero antes lee esto, por favor.

Un error habitual al analizar materias primas es imaginar el mercado como algo rígido. Si falta petróleo, el precio sube y punto. Pero en realidad estamos ante uno de los mercados más dinámicos del mundo.

Cuando el precio del petróleo sube, la oferta empieza a reaccionar casi inmediatamente. Nuevos pozos se vuelven rentables, productores que estaban limitando producción vuelven a bombear y proyectos que estaban pausados se activan. Es el clásico mecanismo de mercado; precios altos atraen nueva oferta.

Si el crudo iraní desaparece parcialmente del mercado, no significa que esos barriles queden sin sustituir. Otros productores —especialmente en Oriente Medio— cuentan con capacidad ociosa que puede activarse relativamente rápido.

Varios países productores alineados estratégicamente con Occidente podrían aumentar su producción en unos 500.000 barriles diarios, por lo menos. No es suficiente para compensar completamente una pérdida iraní, pero sí puede reducir el déficit. En economía esto se llama elasticidad de la oferta. Cuando el precio sube, aparecen nuevos productores dispuestos a vender.

Además, a diferencia de los proyectos tradicionales, que pueden tardar años en desarrollarse, el petróleo de esquisto tiene ciclos de inversión mucho más cortos. Si el precio sube lo suficiente, las empresas pueden incrementar la producción relativamente rápido. Es lo que pasa, por ejemplo, con proyectos en aguas profundas en países como Brasil. Es decir, el petróleo caro genera más petróleo.

Este mecanismo actúa como un techo natural los precios. Si el Brent se dispara demasiado, aparecen nuevos barriles que terminan estabilizando el mercado. Aunque esto es de teoría económica básica, muchas veces se nos pasa por el ruido y la lógica cortoplacista.

Pero hay otros motivos. Uno relevante, al menos para mí, es China. Este país sabemos que es el principal comprador de crudo iraní: aproximadamente el 90% de las exportaciones de Irán terminan allí. Pero durante los últimos meses Pekín ha estado acumulando inventarios de forma deliberada, quizá adelantándose a esto que podría suceder. Las reservas estratégicas funcionan como un seguro frente a interrupciones del suministro. Si el flujo iraní se detiene temporalmente, China puede utilizar sus reservas durante semanas sin necesidad de salir al mercado internacional a comprar petróleo de forma agresiva. Y eso tiene un efecto directo en la reducción del shock de demanda en el mercado spot.

Cuando se habla de petróleo y conflicto en Oriente Medio, inevitablemente aparece un nombre: el Estrecho de Ormuz. Ya sabemos todos que pasa una quinta parte del petróleo mundial. Y quiero aclarar que, si se cierra de forma prolongada, el efecto es posible que sea terrible. Pero dada la importancia del estrecho, y la superioridad militar naval americana, es más probable que el bloqueo no dure sino días. Considero —y espero— que es el escenario principal.

Y hay un factor definitivo, especialmente cuando hablamos de inversiones. Me refiero a las expectativas. El precio del petróleo no sólo refleja la oferta y la demanda actuales, sino también lo que el mercado cree que ocurrirá en el futuro.

Si los inversores perciben que el conflicto puede resolverse relativamente rápido o que Irán terminará reintegrándose plenamente al mercado energético, el impacto puede ser sorprendente. Porque en ese caso el mercado empezaría a descontar algo muy distinto, a saber, más petróleo disponible a medio plazo.

Irán posee una de las mayores reservas del mundo y una importante capacidad de producción que hoy está parcialmente limitada por sanciones. Si ese crudo regresara plenamente al mercado internacional, el equilibrio podría inclinarse hacia un escenario de mayor oferta estructural. Y los precios reaccionarían inmediatamente.

El conflicto en Irán introduce riesgos claros para el suministro mundial de petróleo. Pero también activa mecanismos de ajuste muy potentes. Por eso, aunque se hable de subidas inevitables del crudo, la realidad es más compleja. De momento vemos subidas, pero no pondría la mano en el fuego por ver el petróleo a 120 dólares o que sea una subida estructural.

Insisto en que no tengo ni idea sobre lo que puede pasar. Pero cuidado con el ruido de mercado en el corto plazo.