El sector bancario español afronta el último tramo de 2026 en un entorno macroeconómico complejo, bastante incierto y, aunque parezca contradictorio, seguimos considerándolo favorable para la banca cotizada. Actualizamos a continuación nuestra tesis de inversión incorporando el nuevo contexto de tipos de interés y los múltiplos de mercado más recientes disponibles para cada entidad.
Contexto Macroeconómico
La visibilidad sobre el rumbo de los tipos de interés sigue siendo limitada. Frente al escenario de nuestro informe anterior, en el que anticipábamos una fase de "tipos sostenidos" con el BCE y la Fed posponiendo recortes, la evidencia más reciente apunta a un giro adicional: la Reserva Federal inicia un nuevo ciclo de subidas y el Banco Central Europeo continúa encareciendo el precio del dinero, sin comprometerse aún sobre el ritmo de próximas reuniones. La inflación, lejos de moderarse, se mantiene persistente por las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo, que continúan sin resolverse. Con todo, las economías se sostienen con relativa fortaleza, España en particular.
Lectura para el sector: un contexto de tipos más altos —y potencialmente al alza— es, en el corto plazo, un viento de cola para el margen de intereses de la banca. El diferencial entre lo que las entidades cobran por el crédito y lo que pagan por los depósitos se mantiene amplio, lo que sigue sosteniendo la rentabilidad del negocio bancario tradicional. El matiz relevante es que un ciclo de tipos al alza exige mayor vigilancia sobre la calidad crediticia, en particular en las líneas de negocio donde la banca ha rotado capital de forma más agresiva en busca de rentabilidad, como el crédito al consumo.
- Estabilización de márgenes: los mayores tipos directos, ya no solo la pendiente de la curva, siguen sosteniendo el atractivo del margen de intereses de las entidades españolas, apoyados también por la rentabilidad del bono soberano.
- Riesgo de crédito, por el momento contenido: la dinámica de concesión de crédito permanece sólida y se descarta un repunte estructural de la tasa de morosidad (NPL ratio), lo que mitiga la presión sobre las dotaciones a